Economía 03.08.2008Imprimir

Juegos Olímpicos

The Economist opina que China continúa su ascenso a pesar de los Juegos Olímpicos y no por ellos

(Noticiascadadía).- La transición de China a potencia económica y la reintegración en el mundo de uno de cada cinco habitantes es causa de celebración. Pero las Olimpiadas tienen poco que ver con esto, según dice el número de The Economist de esta semana. La velocidad de vértigo de la globalización en China, junto con la generalización de Internet y de la telefonía móvil han transformado al país y su sociedad. Las Olimpiadas, al contrario, han visto como el Partido Comunista se reafirmaba en su control autoritario.  

The Economist opina que China continúa su ascenso a pesar de los Juegos Olímpicos y no por ellos

Aquellos que se han posicionado a favor del efecto beneficioso de las Olimpiadas han hecho tres reivindicaciones específicas, ninguna de las cuales se sostiene, según The Economist. La primera de ellas es que los oficiales chinos dijeron que los juegos traerían mejoras para los derechos humanos. Sin embargo, lo opuesto es lo cierto: para construir instalaciones vanguardistas se tuvieron que desalojar a un número desconocido de personas. Y, ansiosos por prevenir las manifestaciones, las autoridades han acosado a los disidentes con un vigor mayor del usual. La segunda es la ridícula reivindicación de que estos serían los primeros Juegos Olímpicos “verdes”. Medidas desesperadas en semanas recientes para parar la producción en fábricas contaminantes y prohibir la circulación de la mitad de los coches de Pekín no apuntan hacia un nuevo ecologismo. La tercera es para aquellos extranjeros que afirmaron que las Olimpiadas harían más dócil la política exterior de China. Pero los líderes chinos se mantienen unidos irrevocablemente al principio de “no mediación” en los asuntos internos de un país, que vio como vetaban el mes pasado las sanciones de la ONU a Zimbawe y proponían un voto para que cesaran las acciones de la Corte Criminal Internacional contra el presidente de Sudán, Omar al-Bashir.  

Una vez rechazada esta ideología, el Partido Comunista ahora apuesta por su supervivencia y legitimidad en un estrecho control político, avances económicos y orgullo nacionalista. Las Olimpiadas que comienzan la semana que viene no han hecho nada para mejorar esto.

 

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