Cultura 03.10.2008Imprimir

The Economist

The Economist analiza la inmigración ilegal en la Unión Europea

(Noticiascadadía/TheEconomist).- Esta semana The Economist ofrece una mirada crítica sobre el pacto de la Unión Europea sobre inmigración que ofrece promesas de controles más estrictos pero cuyos efectos probablemente no se noten.

The Economist analiza la inmigración ilegal en la Unión Europea

La inmigración tiene a Europa en ascuas. Con una población cada vez más envejecida y tasas de natalidad bajas, la Unión Europea necesita más gente. Pero algunos países de la UE ya están aceptando a más personas y muchos tienen dificultad para integrarse. El resentimiento popular hacia la inmigración es creciente y, mucho más con la desaceleración del crecimiento económico y el aumento de las tasas del paro. Mientras tanto, cada semana cientos de inmigrantes arriesgan sus vidas en cayucos para llegar a Europa.

El Presidente de la República de Francia, Nicolás Sarkozy ha hecho de la inmigración una pieza clave de la Presidencia de este país de la UE. Como Ministro del Interior tomó medidas restrictivas en esta materia, lo que le ayudó a la hora de recopilar votos en las elecciones presidenciales de 2007. El nuevo pacto sobre inmigración y asilo será adoptado por una cumbre de la UE a mediados de octubre.

Su mayor justificación es que, dado el flujo libre de personas dentro de la UE, las políticas diferenciales ya no tienen sentido. El pacto sugiere una aproximación común: la inmigración debería ser más selectiva (una “carta azul” cuyo modelo se parecería a la carta verde estadounidense sería una opción para atraer a inmigrantes cualificados). Mientras que en el mismo pacto debería haber un mayor control sobre los inmigrantes ilegales, con más expatriaciones y controles fronterizos más estrictos.

La nueva idea es llegar a amnistías masivas para los inmigrantes ilegales, algo parecido al que se llevó a cabo en España en 2005, teniendo en cuenta que estos inmigrantes únicamente atraen a más gente. Para la tranquilidad de países como Malta, los países con una gran acogida de personas en busca de asilo podrán compartir la carga (y los costes que esto supone) con otros países.

Exiliados e inmigrantes han caído en competencias de la UE desde el Tratado de Ámsterdam de 1997. El acuerdo incluía planes quinquenales que se acordaron en Tampere en 1999 y The Hauge en 2004. Se prevé la firma de un tercer tratado el año que viene durante la Presidencia de la Unión Europea de Suecia. ¿La firma de este tratado significa la disconformidad de Francia con este proceso? Eurócratas tienen la esperanza de que creará un ímpetu nuevo. Pero también ejerce una mayor presión directa sobre los gobiernos que cooperan entre ellos, dejando fuera a Bruselas.

¿Supondrá este pacto una diferencia en la práctica? A los burócratas no se les da muy bien adivinar sobre las necesidades del mercado laboral futuro. Europa se encuentra en una competición global para atraer a inmigrantes con preparación, pero la mayoría sufren la desventaja de la diferencia de idioma: El inglés es la nueva lingua franca. La carta azul es menos benevolente que otros modelos similares, según un informe de Bruegel, expertos en materia de inmigración con oficinas centrales en Bruselas. Ésta cubre una estancia menor que la carta verde, por ejemplo.

El pacto invoca el concepto de inmigración circular para dejar constancia de que tanto países receptores como emisores, se pueden beneficiar de la inmigración. Al contrario que otros conceptos de trabajadores inmigrantes, el pacto sugiere una mejora tecnológica, lo que significa que realmente más gente volverá a casa. Pero algunos no lo harán. Y un informe de la Organización por el Desarrollo y la Cooperación Económica sugiere que este pacto podría no ser eficiente para los empresarios puesto que les obliga a retener a trabajadores en vez de optar a la contratación de trabajadores cualificados durante más tiempo. <---newpage--->

El pacto propone sanciones a empresarios que contraten mano de obra ilegal. Los empresarios protestan por las restricciones a la hora de contratar inmigrantes, porque su trabajo no consiste en informar al gobierno sobre inmigrantes ilegales.

La máxima sanción, la expatriación, sigue siendo lenta y costosa. La estimación de inmigrantes ilegales actualmente en la UE va de 4 a 8 millones de personas. Quedaría sumar medio millón que llegan cada año. Incluso el gobierno agresivo de Francia solamente expatrió a 25.000 inmigrantes en 2007. Una nueva directiva sobre expatriaciones, que ha sido criticada por algunos países en desarrollo, puede asegurar la expatriación de un mayor número de inmigrantes ilegales.

En lo que llevamos de año, patrullas han prevenido la entrada de 20.000 personas que intentaban cruzar el Mediterráneo. Pero lo más probable es que estén desplazando las rutas a lugares más accesibles o fronteras menos controladas. Entre estas fronteras, las del sur y el este de la UE siguen siendo porosas. Y las expectativas de que disminuirá la demanda de rutas ilegales al ofrecerse más vías legales de inmigración, son incorrectas. Tanto el crecimiento de las poblaciones, las altas tasas de desempleo y la desaceleración de los ingresos, argumentan en contra.

Si el objetivo fuera el de fortalecer los vínculos entre inmigración y desarrollo, la respuesta sería abrir más fronteras. Pero eso va mucho más allá de lo que los políticos creen que los votantes podrán soportar. Por ahora, la ilusión de controles de inmigración más estrictos confiere con los beneficios de políticas de interior, aún cuando sus fracasos son ignorados.

 

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