Jaén 15.06.2009Imprimir

Mesa de Salomón

La Mesa de Salomón está en Jaén

La Mesa de Salomón ha sido descubierta por un grupo de jiennenses apasionados por la historia, pero que tuvieron que devolverla a su lugar de origen debido a las continuas pesadillas que tuvieron que soportar los días siguientes

Desde hace tiempo se viene diciendo que la famosa Mesa de Salomón se encuentra en Jaén, pero ahora más aún, tras lo acontecido a Matías Ráez, un profesor de la ciudad que es un apasionado de la historia de la capital.

La Mesa de Salomón está en JaénBúsqueda de la Mesa de Salomón

Búsqueda de la Mesa de Salomón

Resulta que iba Matías paseando por la calle Santo Domingo con un grupo de niños del colegio a los que les acercaba a las leyendas de Jaén. Allí se le acercó una señora y le señaló ese lugar como la zona donde está la mesa de Salomón que don Francisco de Atienza colocó por orden de Felipe II, según palabras textuales de la mujer, y le relató lo sucedido a un grupo de vecinos del lugar cuando entraron en una casa del barrio.  

Además, le insistió que aquello no era una leyenda, sino que había ocurrido de verdad. Esa persona que le relató su experiencia, acompañado de unos amigos, decidió alquilar una vivienda abandonada porque pasaban cosas raras y ante ello decidieron pasar todo el día en ella. Nada más entrar notó ciertas sensaciones de frío y otras manifestaciones, que le llevó a instalar sensores y cámaras para averiguar lo que estaba pasando. 

Sobre las cuatro de la mañana los sensores se activaron y pudo comprobar una figura fantasmagórica que se introducía por una puerta que bajaba al sótano. Le siguieron, y desapareció el fantasma difuminado en el suelo. Marcó el lugar y comenzaron a excavar. Al final dieron con una galería natural que se mantenía bastantes metros hasta toparse con una pared, por lo que siguieron cavando y se toparon con una sala circular con varias hornacinas en las paredes, con una mesa en el centro, sustentada con columnas, que tenían signos cabalísticos, que no acertaron a descifrar. 

También había cuatro puertas, y al lado de una de ellas el esqueleto de un guerrero de finales del siglo XVI, en postura apacible, parecía esperar el relevo. Completaba la estancia un cofre con un misal, un libro antiguo y candelabros. Decidieron explorar los cuatro caminos. Uno de ellos se dirigía al castillo, pero tuvieron que volver rápido porque estaba derruido. El otro llevaba a San Juan y a la Catedral, uno de los caminos iniciáticos, pero no pudieron adentrarse porque estaba tabicado. El tercer camino llegaba hasta el peñón de Los Uribe y el palacio de Villardompardo, donde tampoco pueden avanzar.

Ya tan solo les quedaba la última puerta. La toman y acceden al raudal de la Magdalena. Tras él encuentran una serie de laberintos con signos diversos. Dos de ellos con la siguiente inscripción: “aquel que tenga el valor suficiente para ser tan osado de entrar, deberá tener la misma gallardía para poder salir”. 

Finalmente optan por coger el libro que mandó escribir Francisco de Atienza a su secretario, el misal, la mesa y diferentes avalorios de la sala central.

Cuando vuelven a la casa se encuentran con unas sombras negras que les indican que devuelvan los objetos sustraidos, pero no hicieron caso alguno, y decidieron al día siguiente mostrarlos a un anticuario para que los tasara. 

Uno de ellos comenta con un familiar lo que le había ocurrido y, sobre todo, las pesadillas que tenían cada noche. Ante esa descripción le recomienda que lleven los objetos al lugar donde lo habían encontrado, porque los espíritus no reposaban por culpa de ellos. Incluso, les entregó un espejo donde pudieron ver su futuro, que tan dramático apareció, que de inmediato depositaron todos los enseres en aquella habitación circular, donde deben continuar hasta el final de los tiempos.   <---newpage--->

por Manuel Rodríguez

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