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Real Jaén 29.06.2009Imprimir

Real Jaén

El té de las cinco: Ahora más que nunca

La Reina de Inglaterra, buena aficionada al fútbol, me invita a menudo a su acogedora casita a tomar el té, y hablar del mundo del balompié. Siempre a las cinco. La hora del té y del balompié

Es complicado de masticar y mucho más de digerir. La historia, a pesar de empezar despacito y con buena letra, terminó con una caligrafía ilegible, faltas de ortografía y la tinta corrida; tinta que no era tinta, sino lágrimas. Lágrimas que no se derraman gratuitamente y que tardarán en secarse. No hay quien nos consuele, ni queremos ser consolados. Lo que queremos es llorar como magdalenas, ahogarnos en un charco de agua y no emerger la cabeza hasta quién sabe cuándo.

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Pero no todos somos así. Para los idiotas que sólo son del equipo cuando queda campeón, y empiezan a vociferar contra nuestros jugadores, además de marcharse 20 minutos antes, la consecuencia es una juerga menos. Al menos tienen la decencia –algunos ni eso- de pasar por taquilla. Para el resto, el lunes 22, fue una raspa, larga y afilada, atravesada en la garganta, que nos va a hacer la puñeta durante unas semanas, hasta que el balón comience a rodar en una nueva campaña en el pozo de la B. ¿El pozo de la B? Se quedaron cortos. Esto es un agujero negro, y de los oscuros.

Pero saldremos. Otros no pudieron ni podrán jamás, pero no contaban con ese ejército de incondicionales, de camisetas blancas y sangre morada, que cuanto más fuerte se meten la leche, con más energía se levantan para gritar aquello de “porque este año, subimos a Segunda, y pobre del quiera, robarnos la ilusión”

El dandy: La Victoria. Ambiente de gala…de Boda Real, diríamos. Tanto que tuvo que llamar unas cinco mil primas suyas para poder dar abasto con lo que se le avecinaba. Según hemos podido saber de fuentes como Cibeles, Neptuno o La de Trevi, Victoria pasó una noche rara, entre alegría y tristeza, que casi le da un telele, pero al despertar exclamó: “ya estoy preparada para el futuro, pero de momento, que me quiten lo bailao”.

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El otro dandy: Las calles de Jaén. Fueron una cascada continua de camisetas blancas, de cánticos, de banderas, de sonrisas, de amigos, de conocidos, de hermanos. Todos a una. Un día de fiesta, que acabó en lágrimas, pero con el convencimiento de que algo grande ha nacido. Pasará poco tiempo hasta que nuestros rincones más emblemáticos vuelvan a disfrutar como cochinos. Concretamente menos de un año. Allí estaremos los mismos, y seguro que unos poquitos más.

por Alfonso del Pino Torres

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