Gente 28.12.2010Imprimir

Reyes Magos

Al encuentro de los Reyes Magos

Skyscanner descubre la ruta de Oriente que recorrieron

Al encuentro de los Reyes Magos

Imaginarios o reales, los Reyes Magos han estimulado la mente de las gentes desde hace siglos. Y no solo la de los niños. Esta fiesta cristiana es ignorada, sin embargo, por la mayor parte de los países y no solo porque el significado vinculado a los regalos que se da en España y en otros lugares de América Latina se haya desviado en el resto del mundo a Papá Noel y Santa Claus en torno a la Navidad, sino porque, simplemente, no se le da ningún significado ni es motivo de celebración.

Como todo lo que envuelve a la historia sagrada, hay pocas cosas comprobadas, sin embargo, el buscador de vuelos Skyscanner.es ha encontrado algunas probables que permiten marcar el recorrido seguido por los reyes en su camino hasta Nazaret y desvelar algunos de sus secretos.

Tres o ¿cuántos?. La única referencia en los Evangelios, está en el de Mateo 2. 1-12, pero no se indica cuántos eran los reyes ni de dónde procedían. Algunos creen que pudieron ser 12. Que eran tres y que representaban distintas razas es una idea que llegó mucho después y se incorporó en la tradición como un símbolo de los reyes del mundo llegando a adorar al Hijo de Dios. Se dice que Marco Polo, cuando llegó a la región mesopotámica, encontró tres enormes arcos que los lugareños describieron como tumbas levantadas en honor a los tres Reyes Magos y, al parecer, Santa Elena, madre de Constantino, que encontró de todo en Tierra Santa, además de la cruz de Cristo, se trajo los restos de los reyes, que se veneran en Milán y Colonia.

Ni reyes, ni magos. Tampoco en el Evangelio se habla de reyes, aunque sí de magos. Claro que en aquella época, mago era equivalente a sabio. Esta palabra en castellano viene del griego "magoi" y del latín "magi", que significaban "sabios" y que están indudablemente relacionadas con la palabra persa "magu". Magu era el nombre que tenían los poderosos e influyentes sacerdotes persas de la religión del profeta Zaratustra, también llamado Zoroastro. Así como los hebreos esperaban la llegada del Mesías anunciado por Isaías, los seguidores del profeta Zoroastro también esperaban un Mesías y las fechas pueden coincidir con el nacimiento de Jesús.

De Oriente. Lo único que parece claro en los textos bíblicos, es que venían de Oriente. Pero de ¿dónde exactamente procedían? No había grandes ciudades en el cercano oeste de Jerusalén que pudieran tener a señores tan bien vestidos y con tanto acceso a riquezas. Damasco estaba al norte, Meca y Medina estaban al sur. Quizás la hipótesis más acertada y aceptada hoy en día es que vinieron de la región de la antigua Persia que hoy es Irán e Irak. La tradición y pinturas encontradas en las catacumbas cristianas muestran imágenes de los reyes, vestidos con ropas que pertenecían a la aristocracia persa. Otra teoría sería que procedían de Yemen y seguían la todavía hoy llamada Ruta del Incienso que unía Egipto con India a través de Arabia.

La estrella de Belén. Hay un evento astronómico y astrológico importante que ocurrió en tiempos del nacimiento de Jesús, la conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis. Este fenómeno fue redescubierto por Kepler y esclarecido por el estudioso alemán Paul Schnabel en 1925, cuando pudo descifrar unas tablas con escritura cuneiforme que mencionaban el hecho en los cielos. Este fenómeno ocurrió en el año 7 a.C., fecha que se conjetura fue el verdadero año del nacimiento de Jesús.

Oro, incienso y mirra. Al parecer estos fueron los regalos que los visitantes dejaron al Niño. Además de que los tres tenían un alto valor en la época, también son significativos. Los regalos de oro (rey), incienso (espiritualidad) y mirra (muerte), se supone predecían el destino del niño de gobernar espiritualmente sobre todos los reyes del mundo y de morir algún día en la cruz.

La ruta en nuestros días. En el año 2000, dentro de los festejos de cambio de milenio, el californiano Robin Wainwright y otros 60 hombres de distintas religiones, se propusieron recrear el viaje de los Reyes Magos. Tardaron 83 días entre preparativos y viaje para llegar a Belén, una ruta de 1.600 kilómetros. Y probaron que un recorrido tan extenso no es imposible si los camellos están bien equipados y se organizan los períodos de marcha y descanso. El entusiasmo los llevó a cruzar por Irak, Siria, Jordania y Cisjordania. La ruta que siguieron fue trazada teniendo en cuenta viejos mapas y relatos de textos antiguos.

Melchor, Gaspar y Baltasar. Los tres nombres con que hoy los conocemos son tan arbitrarios y ficticios como los que se les dio en otras partes del orbe cristiano: Apellicon, Amerim y Serakin entre los griegos; Kagpha, Badalilma y Badadakharida en Siria; Ator, Sater y Paratoras en Etiopía, etc. En el siglo XVI las nuevas necesidades ecuménicas de la Iglesia católica llevaron a implantar un simbolismo inédito, identificando a los tres magos con los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet que, según el Antiguo Testamento, representaban las tres partes del mundo y las tres razas humanas que lo poblaban, según se creía en esos días: europeos, semitas de Asia y africanos. Los americanos o los chinos y japoneses, ya conocidos en el siglo XVI, hubo que ignorarlos porque no se podían inventar nuevos reyes y menos sacarle nuevos hijos a Noé.   <---newpage--->

 

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