###PREV_LINK### ###NEXT_LINK###

Internacional 02.02.2011Imprimir

Opinión

La ciudad de El Cairo, vivida y narrada

Por Johari Gautier Carmona

Tras una semana de intensas protestas, la capital egipcia sigue siendo el escenario de un enfrentamiento histórico entre un pueblo ávido de libertades y un presidente impopular, Hosni Mubarak. El descontento, suscitado por una situación económica insostenible, una enorme corrupción y la reciente revolución tunecina, es palpable en todos los rincones de la ciudad. Se cristaliza en el fervor de las discusiones, se refleja en la mirada de sus habitantes y se mezcla con otros sentimientos nacidos de la confusión reinante.

En este artículo presento algunas anécdotas y testimonios colectados durante mi reciente estancia en Egipto para entender las claves de este momento único en la historia del país. Más que una “ciudad sin ley”, El Cairo es hoy en día el escenario de una lucha por unos derechos humanos que engloba a todo el mundo árabe.      

El optimismo de los primeros días 

“Son tiempos difíciles pero valen la pena”, me explica Ahmed un comerciante del Cairo en las cercanías de mi hotel, el Radisson Blu. En su voz resuena el temor a lo desconocido, el rechazo a la violencia de delincuentes sin escrúpulos que aprovechan las protestas para saquear locales y edificios,  pero también y sobre todo, el deseo y la ilusión de que la manifestación sirva para algo.

Si bien el Estado de Mubarak tiene sus defensores (en su mayoría empresarios y funcionarios beneficiados por el régimen), el número de opositores que ven en esta situación la posibilidad de acabar con treinta años de dictadura es deslumbrante. Muchos se reúnen en los bares y terrazas de la calle, en frente de mi hotel, para escuchar y entender lo que esconden las noticias de los canales de televisión públicos. “Hay mucha censura aquí. No se dice ni la mitad de lo que ocurre”, sostiene Ahmed. El humo de las cachimbas y el perfume de los tés a la menta aportan una nota oriental a una situación que llama la atención del mundo entero.

Islam, un guía turístico de 31 años, considera que “cualquier cosa es mejor que Mubarak”. En toda su vida sólo ha visto a un presidente y, por eso, quiere conocer otra cosa, tener otra experiencia e intentar construir una verdadera democracia. “Tenemos el derecho a elegir nuestro destino”, explica. Según él, el país se está quedando atrás. “En los años 70-80 se vivía mucho mejor que ahora”. Egipto se ha estancado por culpa de una corrupción galopante que impide trasladar al pueblo todos los beneficios que ofrecen el gas, el petróleo y el canal de Suez. “Mubarak y sus amigos son los únicos que se benefician de este régimen”, afirma. El entrevistado considera que el turismo es posiblemente el sector más justo ya que da ingresos a personas aisladas por el sistema actual.

 “Con 700 libras egipcias al mes [100 euros], no se puede vivir”, argumenta Rafa, otro guía egipcio de 47 años, cristiano y padre de dos hijos. Su realismo le obliga a reconocer algunos logros de la política de Mubarak como el hecho de haber iniciado un tiempo de paz con los países fronterizos y permir una cierta estabilidad económica. No obstante, Rafa se muestra muy crítico con la corrupción y la falta de libertades que impiden un desarrollo generalizado de la sociedad egipcia. El optimismo generado por las primeras manifestaciones le incita a soñar y hablar de tiempos mejores. De repente, se despiertan todos los deseos silenciados por una represión férrea. “Me gustaría que mis hijos pudieran conocer un Egipto más justo. Si hay que sacrificarse y dejar de trabajar unas semanas, lo haremos”.

 

Búsqueda de Noticias

Por favor, rellena el campo de búsqueda.

Ahora en portada...