Opinión 14.11.2011Imprimir

Opinión

Pan, sangre y circo

Por Ana Belén González Jurado

La televisión se ha quedado muda, y los ensordece a todos y cada uno de los que pasa a su alrededor, todos callan, nadie conversa con nadie. Desde la caja cuadrangular vemos gentes corriendo, llorando y malheridos. Los medios de comunicación se han vendido al precio más bajo, sólo vemos, pero nunca tocamos, ni sentimos ni palpamos la guerra con dolor, ni tampoco la barbarie. El horror de esta mundana televisión espanta, adolecen los ojos, mientras vemos como el periodismo cada día está más falto de humanidad, pero se excede en el morbo y se alimenta de lo sanguinario, que creen en informar al mundo de una verdad exagerada, mal dibujada, difamada, tergiversada. Yo, con mis rarezas, siempre pensé que la televisión se sostiene por contar solo una parte de la verdad y mil mentiras más

Pan, sangre y circo

De nuevo llega la basura que vamos alimentando, somos tan tristes que nos dedicamos a perder nuestro tiempo en saber de la vida de los demás sin conseguir nada constructivo, esperando a que nos pongan la sopa boba por delante. Al margen del teatro acostumbrado, tanto en Gran Hermano como en el Senado, hay una realidad en la calle, realidad que es un toro y que asusta, menos mal que en Cataluña ya han prohibido las corridas de toro. La realidad es una escuela que pone el yugo a los estudiantes, pues soy consciente que cada vez los fabrican más tontos y más ignorantes. Un país sin riendas, es fácil de domar. ¿Dónde queda el caballero de triste figura que llamaba a la esperanza del pueblo con el principio de la cultura?

La verdad es la pobreza de nuestras manos de clase media, que confiamos nuestra suerte en un cupón de la once y sálvese quien pueda.

El drama de quien sin trabajo desespera en la espera, se agota la ilusión, el futuro es la agonía del presente. Porque sin empleo no hay oportunidad de vida. Jóvenes sin contrato, explotados, en medio de una precariedad laboral muy presente.

La realidad es una barca que quiere llegar a la otra orilla, es una mujer que por miedo pone la otra mejilla, la realidad de esta división de poder reside en un gobierno local repleto de corruptos y mangantes, contraje de chaqueta, corbata y muy elegante... Pero así nos va, mientras sigamos viviendo de la miseria, de criticar, de la envidia, esta lacra seguirá viajando con billete de primera clase. No somos tan distinto al tercer mundo, somos al igual que ellos una masa de bobos que cuatros colonizadores explotan, por eso existen las diferencias del rico y el pobre, el problema, a diferencia de otros países, es que lo consentimos. Quizás somos el tejemaneje de todos aquellos gobernantes que nos hacen ver que la cultura no interesa, que eso nos hace más fuerte, que es el principio de una soberana muerte.

El acoso que sufren las mujeres es otra forma de silenciar el dolor y el maltrato, pues no llegan a conmocionar al mundo, ni por prensa, ni por radio ni por estrellas, nada. El mundo calla. Quemaduras, azufre, violaciones, golpes y viles asesinatos, baños de ácidos, lapidaciones, flagelaciones… Algo natural en esa creencia de que la mujer sigue siendo una especie de estirpe inferior, por los años de los años. Márchate mujer, márchate, vete, escápate, de un mundo insolidario y pasivo que no te da su mano.

¿Dónde está la voz del manifestante? Se ahogó en el ombligo del ser humano, en el yo importante, en el individualismo imperante, qué malos estudiantes… Cada vez hay menos valientes, más conformismo, más de lo mismo. ¿Qué tren es el que estamos esperando? Cada vez hay más frialdad en los vagones, y los vecinos ya no son como los vecinos de antes. Como dice mi padre: “Nos estamos amariconando”. Va a llevar razón… <---newpage--->

Siento vergüenza ajena de ser española, de pertenecer al país con mayor tasa de desempleo, y a la vez ser el país con más ediciones de gran hermano,… ¿A dónde vamos? Muchos de ustedes podréis creeros todo ese teatrillo que tienen estos gobernantes con su ideología de hacernos más estúpidos, pero yo, yo no me lo creo.

Seguid así, al necio seguid dando pan, sangre y circo.


por Ana Belén González Jurado

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