Literatura 28.02.2012Imprimir

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'La vida agria' de Luciano Bianciardi

Dadme el tiempo, dadme los medios, y tocaré todo el teclado —blancas y negras— de la sensibilidad contemporánea

Corren los años cincuenta y nos hallamos en una ciudad cuya topografía está deformada, si bien remite claramente a Milán. El protagonista de esta historia, y álter ego del autor, deja atrás, junto a cierta vida provinciana, a su mujer y a su hijo, y llega a la metrópolis con una misión: atentar contra la empresa propietaria de la mina de su localidad natal, en la que han muerto cuarenta y tres personas a causa de una «negligencia» que resultó perfectamente rentable.

'La vida agria' de Luciano Bianciardi

Una vez allí, y para poder sobrevivir, empieza a llevar el estilo de vida que le impone la ciudad, encuentra trabajo en un periódico y comienza a hacer nuevas amistades. Al poco inicia una relación sentimental con Anna y pasa por varias ocupaciones, para dedicarse al fin a traducir febrilmente. Al mismo tiempo, cada vez se le hacen más presentes la alienación que impone la gran ciudad, la náusea del tráfico, las insípidas obligaciones sociales y la histérica frivolidad generacional que ampara el boom económico, su propia precariedad y las imposiciones comerciales del mundo editorial. Se diría que cualquier día algo tiene que estallar. Con un humor inquebrantable y una fina ironía, Bianciardi pone en marcha en estas páginas una crítica rotunda al sistema, y al hombre integrado en el sistema, sin dejar de reírse de sí mismo.

La vida agria es la obra más importante y celebrada de Luciano Bianciardi, escritor de culto, traductor de fama y revolucionario convencido. Tras el éxito apabullante e inesperado de esta novela, que en la Italia de los años sesenta se convirtió en referente para toda una generación marcada por un profundo desencanto, Bianciardi mantuvo firmes hasta el último aliento sus compromisos políticos y su enfrentamiento contra los dictados de la industria cultural, así como su predilección por el alcohol y el exceso.

 

Luciano Bianciardi, (Grosseto 1922 – Milán 1971), es una de las figuras fundamentales de la cultura italiana de los años cincuenta y sesenta. Rebelde y romántico, anarquista y revolucionario, Bianciardi era un hombre versátil: además de escritor, fue bibliotecario, profesor, editor, periodista y traductor (firmó un centenar de traducciones de algunos de los más importantes escritores norteamericanos: Faulkner, Steinbeck, Miller, Bellow, Brautigan…). En 1954 se muda a Milán, donde comienza a trabajar en la editorial Feltrinelli, con la intención de llevar a cabo en la ciudad la «revolución cultural» que había resultado imposible en la provincia. Intolerante con las imposiciones empresariales y deseoso de romper los esquemas culturales de su época, es despedido al poco tiempo. Comienza entonces su larga trayectoria como traductor y la redacción de La vida agria, su obra más reconocida. Inconformista, se niega a plegarse a los dictados de la industria cultural que lo rodea incluso después del éxito de su novela. Cada vez se cierra más en sí mismo y se entrega más al alcohol, que lo conducirá a la muerte en 1971. Otras obras suyas, que Errata naturae irá publicando en el futuro, son Il lavoro culturale, L’integrazione, La battaglia soda, La solita zuppa e altre storie y Aprire il fuoco.

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