Cultura 19.06.2012Imprimir

Pintura

Colliure recupera al Survage más inédito

Finlandés por parte de padre, danés por parte de madre, nació en Moscú y se hizo artista en París, pero fue en Chicago donde apareció la primera monografía de su trabajo

Jamás se habían visto. Dispersas en colecciones particulares y en los fondos de museos de Chicago, París y Moscú, entre otras ciudades, una cincuentena de obras inéditas sale ahora a la luz en esta exposición que es una primicia mundial y que desvela un capítulo destacado de la historia del arte del siglo XX. La de Léopold Survage (1879-1968) es una historia de exilios.

Colliure recupera al Survage más inédito

Finlandés por parte de padre, danés por parte de madre, nació en Moscú y se hizo artista en París, pero fue en Chicago donde apareció la primera monografía de su trabajo. El Musée d’Art Modern de Colliure recupera ahora la obra de este precursor del surrealismo, aclamado en vida por coleccionistas, galeristas y museos a ambos lados del Atlántico, y lo hace precisamente con el acento puesto en esos años que vivió en Colliure: entre 1925 y 1932, poco después de que Henri Matisse y André Derain instauraran el fauvismo. Survage se alojó en la pensión de Pauline Quintana, quien más adelanté acogió en su exilio al poeta Antonio Machado, en cuya casa murió.

Muchos son los habitantes de Colliure que han oído hablar de Survage, pero pocos de ellos habían visto la obra del artista. Ahora, y a lo largo de todo el verano, pueden hacerlo a escasos metros del puerto, en el Musée d’Art Modern. Precisamente, unas 120 velas latinas ondeaban sobre este mar en 1925. La pesca, en especial la de anchoas, era una de las principales formas de vida de este pequeño puerto catalán, que todavía conserva muchas de sus tradiciones. Cautivado por la vida local, Survage dio cuenta de todo ello en muchas de sus obras de la época de Colliure, donde las vendedoras de pescado y las porteadoras de anchoas ocupan un lugar central. También en esta exposición.

 

Tres lienzos de 1925 titulado cada uno de ellos con el nombre genérico de las Pescadoras abren esta magnífica exposición. Representadas cual cariátides, nos muestran cómo Survage desde la abstracción intentó recuperar la tradición del clasicismo. La muestra se despliega a lo largo de dos pisos de esta villa convertida en museo y está formada mayoritariamente por lienzos. Es en la sala dedicada a los dibujos donde se descubre cómo Survage fue capaz de resumir  con un único y simple trazo la esencia de lo que veía (y vivía) en Colliure. También hay acuarelas que describen el juego de los tejados y la fisonomía de esta población costera, y que invitan al transeúnte a descubrir en el propio Colliure las perspectivas descubiertas en los lienzos del Museo.

Un pintor vanguardista

Léopold Survage nació en Moscú en 1879. Contradiciendo el deseo paterno, se inició en la pintura en la Escuela de Bellas de la ciudad, donde descubrió a Manet, Gaugin, Matisse y los impresionistas. En 1908 dejó Rusia para ya no regresar, y se instaló en París, donde estudió en la Acadèmie Matisse y participó en las diferentes corrientes de la Escuela de París. Acostumbrado a la luz rojiza del sol de invierno de Moscú, pronto se sintió atraído por la luz del Atlántico, primero, y la del Mediterráneo, después. Por motivos de salud, Survage no fue llamado a filas en la Pimera Guerra Mundial, por lo que se trasladó a Niza, donde descubrió la luminosidad del mar Mediterráneo. Aplicó pues una paleta reinventada (rosa, azul mar, azul cielo, verde oscuro, amarillo estridente, naranja intenso) y realizó una pintura onírica que, junto a De Chirico y Chagall, abrió el camino a la pintura surrealista. <---newpage--->

De vuelta a París, en 1919, abandonó la sensualidad de los colores vivos por los tonos oscuros. Siguiendo los pasos de Picasso y Derain y entregándose también él al sentimiento de “haber llegado demasiado lejos”, sintió la necesidad de encontrarse de nuevo con la tradición de la pintura, más allá de las invenciones del cubismo y el arte abstracto. El pintor volvió al tema académico y a la figura clásica, y rápidamente percibió la dificultad de esta fusión imposible entre el retorno a los orígenes y la modernidad. Es en este contexto cuando se instaló en Colliure. Inmerso en la intensidad de la luz y los colores, Survage percibió el surgimiento de la tragedia antigua, la presencia viva de los mitos, entre el sol y la sombra. Como en el caso de Picasso, la luz de Cataluña resucitó en él el mito griego. Tras liberarse poco a poco de los preceptos neoclásicos, Survage utilizó Colliure como pretexto, incluso como elemento revelador, para participar en la trayectoria creativa, plástica e intelectual de la época. 

La luz del Mediterráneo supuso un punto de inflexión en la obra de Survage, tal como muestra esta exposición excepcional que reúne 62 obras, una cincuentena de ellas inéditas. El horizonte del mar y sus desniveles (ese extraño juego óptico que se percibe desde cualquier punto del puerto), la mujer en la ventana, la vendedora de pescado, la porteadora de anchoas, la portadora de agua, el pájaro, la hoja, la mano, el hombre del bombín, el toro…

Toda la simbología de Survage está presente en esta exposición y condensa en sólo siete años de su vida el camino que abrió hacia la abstracción, el cubismo, el surrealismo y la recuperación de la tradición.

 

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