Tecnología 17.08.2012Imprimir

Consumo

Las sanciones no son suficientes para subsanar los daños ocasionados a los usuarios de internet

En un mercado no competitivo, las sanciones no mandan mensajes

Hace unos días se hacía pública la aceptación por parte de la Comisión Federal de Comercio (FTC) de EEUU de la oferta de Google de pagar una sanción de 22.5 millones de dólares a cambio de poner fin a la investigación abierta contra la compañía por haber eludido las políticas de privacidad de los usuarios del navegador Safari de Apple, sin necesidad de admitir ninguna responsabilidad como parte del acuerdo. Esto ha hecho que ICOMP, plataforma que aboga por un mercado online competitivo, cuestione públicamente la efectividad de las sanciones a la hora de subsanar los daños ocasionados a los usuarios de internet, afectados por este tipo de comportamientos empresariales en la red.

Las sanciones no son suficientes para subsanar los daños ocasionados a los usuarios de internet

Según Andrés Font Galarza, portavoz de ICOMP en España, ‘las sanciones de los reguladores que responden a tal comportamiento deberían castigar (para actuar como una fuerza disuasoria eficaz), pero también, establecer medidas que prevengan su repetición., con el fin de proteger los derechos y la privacidad de los usuarios’.

Aceptando multas de un gigante empresarial como Google, aunque la intención sea encomiable, en última instancia no logra ninguno de estos objetivos por tres motivos principales:

·        Una gota en el océano: para una compañía que facturó cerca de 40 mil millones en 2011, sumas como los 22,5 millones de dólares, los 25.000 dólares con los que fue multado por obstruir una investigación de la FCC sobre sus políticas de protección de datos este año o, incluso, los 500 millones de dólares que pagó por resolver las acusaciones del Departamento de Justicia por haber anunciado deliberadamente productos farmacéuticos falsos el pasado año, apenas van a actuar como elemento disuasorio.  Especialmente cuando las infracciones van a la esencia del modelo de negocio de Google, proporcionando los datos que apoyan el negocio de la publicidad del que se deriva el 96% de sus ingresos. De hecho, la acumulación de estos delitos y multas demuestran lo poco disuasorios que son.

·        Comprando su inocencia: El punto sobre la investigación de Safari es que Google está intentando detener los procedimientos antes de que las alegaciones sean investigadas y aireadas públicamente. Esto significa que más que pagar una multa por negligencia, es pagar para parar la investigación antes de que se llegue a cualquier conclusión. Esto es una diferencia crucial porque permite a Google afirmar que no ha existido ningún delito y, en segundo lugar, porque le permite escapar de hacer un compromiso vinculante para evitar un delito igual o similar que pueda repetirse.

·        En un mercado no competitivo, las sanciones no mandan mensajes: las entidades reguladoras pueden argumentar (no sin razón) que una multa conlleva un mensaje, además del impacto en el balance, que una compañía ha transgredido y que los consumidores y el mercado a la larga puedan reaccionar llevándose sus negocios a otros lugares. Esto es correcto en un mercado competitivo. Pero el mercado de la búsqueda online no es competitivo y esto es precisamente la razón por la que Google se siente libre de seguir acumulando estas reprimendas. El predominio del mercado de Google hace que sea impermeable a las presiones económicas que fuerzan a sus competidores a un comportamiento concienzudo.

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Entonces, ¿podemos confiar en que Google se auto-regule? La respuesta, si uno lee cualquier cosa en su registro de transgresiones recientes (Safari, Street View, tráfico de personas, falsificación de medicamentos y escrutinio anti monopolístico en 8 jurisdicciones, por decir sólo unos pocos), es un rotundo no. Lo que es más alarmante todavía es la forma en que Google está acostumbrado a manejar estos temas. Primero lo niega, luego recurre a evasivas y, sólo cuando no dispone de más alternativa, trata de negociar una suma a cambio al derecho de negar la responsabilidad. <---newpage--->

Mientras tanto, las infracciones continúan, los consumidores están explotados, la competencia está exprimida en el mercado y el dominio de Google está cada vez más arraigado. Las entidades reguladoras están en lo cierto al pensar que deberían intervenir, pero los remedios hasta ahora han fallado tanto para tratar los daños ya hechos como para prevenir los que puedan venir. 

Para ser realmente eficaz, la intervención reguladora debe tratar de abordar el abuso de posición dominante de mercado de Google, ya que, fundamentalmente, es su dominio lo que le proporciona inmunidad a las multas y a las leyes de la economía de mercado.

 

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