España 23.10.2012Imprimir

Higiene

¿Es mejor un cepillo de los dientes eléctrico?

Los odontólogos son unánimes con respecto a la efectividad de un cepillo de dientes eléctrico: puede ser la misma que la de un cepillo tradicional

Antes de hacer una compra de un cepillo de dientes eléctrico, es bueno saber qué nos aportará esta inversión, puesto que la comparación de precio respecto a uno tradicional es bastante odiosa.

¿Es mejor un cepillo de los dientes eléctrico?

Los odontólogos son unánimes con respecto a la efectividad de un cepillo de dientes eléctrico: puede ser la misma que la de un cepillo tradicional. Sin embargo, en algunas personas puede ser más beneficioso, como en los afectados de dolencias musculares, personas con discapacidades o con artritis, puesto que el movimiento requerido es menos costoso y el mango suele ser más ancho y cómodo.

Por lo tanto, este sofisticado aparato no deja de ser un juguete para tener en casa. De hecho, para muchos niños puede ser una motivación para adaptarse a la limpieza bucal, aunque se recomienda que no lo usen hasta cumplidos los seis años, de manera que conozcan manualmente cómo llegar a cada rincón de la boca.

Inevitablemente, es un artificio práctico para el día a día, ya que deberíamos cepillarnos los dientes al menos en tres ocasiones durante una jornada. La versión eléctrica llega mejor a todos los rincones sin el esfuerzo que requiere un cepillo tradicional, lo que evita que se forme placa bacteriana, el principal motivo por el que nos cepillamos los dientes.

Aquellas personas con las encías más sensibles o que normalmente adolecen de una presión excesiva durante el cepillado manual, encontrarán en este producto una manera de regular la intensidad y tener una limpieza igual de exhaustiva.

Los cepillos eléctricos deberán llevar el sello de la Asociación Dental de cada comunidad, aunque los dentistas aseguran que los más positivos son aquellos que rotan y oscilan, es decir, que se mueven en ambos sentidos. El resto del proceso funciona de modo idéntico al tradicional: llegar a todos los rincones de la boca, limpiar diente a diente y cara a cara durante, al menos, dos minutos y no olvidarse de limpiar la lengua, el causante del mal aliento.

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En el caso de preferir un cepillo tradicional, es importante elegir el cabezal del tamaño óptimo, con cerdas de puntas redondeadas, que no sean muy duras –aunque esto dependerá de la presión que se ejerza y de la sensibilidad de las encías– y que sean entrecruzadas.

Los cabezales deben cambiarse con la misma asiduidad que un cepillo tradicional, es decir, al menos cada tres meses. Por lo demás, esta elección dependerá del valor que se le de a esta pequeña comodidad adicional, pero hay que saber que en ningún caso la limpieza será más efectiva en comparación con el uso de un cepillo tradicional.

 

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