Cultura 12.04.2007Imprimir

El Museo del Prado amplía su superficie un 50% tras las obras de Moneo

El público podrá visitar las nuevas instalaciones los fines de semana del 28 de abril al 1 de julio

(Noticiascadadía/BEC).- Rafael Moneo, uno de los más distinguidos arquitectos españoles (autor de los proyectos arquitectónicos para la construcción de sendos museos en Houston y Estocolmo, además del de la Catedral de Los �?ngeles, del Kursaal de San Sebastián, del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida y la estación de Atocha, entre otros), ha ideado una fórmula de ampliación del Prado que, respetando el antiguo edificio, su entorno y las estructuras colindantes, une el museo con un complejo formado por una construcción de nueva planta y el claustro restaurado de los Jerónimos.  

El Museo del Prado amplía su superficie un 50% tras las obras de Moneo

El que la ampliación del museo se haya producido en el ámbito de los Jerónimos ha permitido actuar en el flanco más débil de su arquitectura: la fachada posterior, resultado, como se ha visto, de lo que han sido las sucesivas ampliaciones y reformas del mismo.

De ahí que la actuación haya tenido un doble efecto: por un lado, proporciona los espacios necesarios que demandaba el museo, garantizando la continuidad entre el nuevo volumen construido en los Jerónimos y el proyectado por Villanueva; y, por otro, ha mejorado notablemente la espalda de este último.

El impreciso e inseguro encuentro que anteriormente se producía entre la ladera ajardinada que se situaba detrás del edificio histórico del museo y los paramentos de los volúmenes añadidos al mismo a lo largo de los años se ha transformado en un complejo conjunto en el que la arquitectura de Villanueva y las nuevas construcciones quedan trabadas y enlazadas con la ayuda de la plataforma ajardinada con parterres que cubre el área de enlace entre ellas, produciéndose un indivisible y continuo episodio arquitectónico.

La propuesta edificatoria en torno al claustro, por su parte, ha contemplado una volumetría escueta aceptando y haciendo suyos los límites establecidos en las bases del concurso de anteproyectos para la ampliación del Prado.   El resultado es un volumen animado por una “loggia�? (hilera de columnas en la fachada principal) en el que la puerta de acceso se convierte en el elemento de mayor calado sin competir ni con la puerta ni con la escalinata de la Iglesia de los Jerónimos, al estar situada seis metros por debajo de estas.   Consciente del protagonismo que debía asumir esta puerta del nuevo edificio, Rafael Moneo encomendó su creación a la escultora Cristina Iglesias. El resultado de esta feliz colaboración entre arquitecto y artista ha sido un monumental portón-pasaje de entrada fundido en bronce que confiere al edificio una especial singularidad potenciando sus valores arquitectónicos de forma notable.

En cuanto a la distribución de los distintos espacios dentro de la ampliación, como reconoce el propio arquitecto, su intención ha sido “conservar hasta donde fuera posible el carácter de lo que fue el antiguo museo�?. Con este objetivo, su proyecto ha concentrado todos los espacios dedicados a instalaciones complementarias e imprescindibles, como la tienda, cafetería, auditorio, consignas, etc. en el gran vestíbulo que separa y une a la vez el nuevo edificio con el de la colección permanente, y el público podrá encontrar todos estos servicios reunidos en un mismo espacio, lo que hará más cómodo y fácil el acceso y utilización de los mismos.  

Ampliación

La ampliación ha supuesto un incremento de 15.715,27 m2 útiles conseguidos gracias a la construcción del edificio de nueva planta en torno a los restos del claustro de los Jerónimos así como de la construcción semiexenta que conecta este edificio con el de Villanueva. El incremento de superficie obtenido por el Museo del Prado merced a esta intervención supone más de un 50% respecto a los 28.600 m2 útiles correspondientes al edificio Villanueva. <---newpage--->

Además, con el traslado de determinados servicios y dependencias de trabajo del museo a los nuevos espacios, el edificio Villanueva recuperará casi 3.000 m2 útiles para la exposición de la colección permanente del Prado, lo que permitirá el desarrollo de un nuevo sistema de ordenación de las colecciones que tendrá lugar a partir de la apertura definitiva de la ampliación.  

Piedra, madera, vidrio, ladrillo… y luz

La materialidad de la piedra, la madera y el vidrio, característica en la arquitectura de Moneo, protagoniza cada uno de los nuevos espacios del Museo del Prado. La arquitectura de la ampliación ha combinado sabiamente el granito madrileño, el ladrillo y el bronce patinado en las fachadas exteriores.   En los interiores, adquiere protagonismo igualmente el granito pero en este caso acompañado por maderas de roble y de cedro y bronce en color natural. El cristal ocupa también un espacio protagonista en el conjunto de la ampliación, gracias a la también habitual característica del arquitecto de establecer imaginativas fórmulas para crear verdaderos pasajes de la luz natural.  

Gracias al imaginativo trabajo de Moneo, la luz solar se filtra por ambos lados en todo el vestíbulo que enlaza los dos edificios, antiguo y nuevo, así como cenitalmente en los nuevos espacios de exposiciones temporales que se organizan en tres niveles en torno al claustro. Para poder crear distintos efectos lumínicos en estos espacios, el arquitecto ha concebido una linterna que atraviesa los diferentes niveles a partir del claustro distribuyendo la luz natural que entra directamente a través del lucernario situado sobre el mismo, pudiendo funcionar simultáneamente, si se considera necesario, como lámpara de luz artificial.  

Para el exterior curvo del nuevo auditorio, que se ubica en uno de los niveles inferiores bajo el claustro penetrando en los espacios correspondientes al área de enlace, y el gran distribuidor de planta basilical, que comunica el edificio Villanueva con la ampliación, el arquitecto ha escogido un decorativo estuco rojo pompeyano planchado en caliente que contrasta muy acertadamente con el granito gris de Madrid utilizado en los paramentos que lo circundan.

El enlace

El enlace entre los edificios antiguo y nuevo, que actúa como vestíbulo, ha quedado oculto mediante la construcción de un pabellón semiexento cubierto por una plataforma ajardinada que remite a los jardines del siglo XVIII. Gracias a esta solución, la espalda del museo queda envuelta en un manto verde (creado por una geométrica composición formada por hileras de boj enanos), tras el que, por primera vez, su galería principal y el ábside de ésta se pueden volver a contemplar como Villanueva los proyectó.  

El nuevo edificio

El edificio de nueva planta que incorpora el antiguo claustro del desaparecido monasterio preside el espacio en alto junto a la iglesia de los Jerónimos y frente a la fachada noreste del museo, destacando por su particular geometría y sus paredes de ladrillo macizo con los vanos enmarcados en bronce.  

En su fachada principal, destaca la hilera de columnas o loggia que asciende desde el nivel del claustro, y la monumental puerta de acceso diseñada por Cristina Iglesias por invitación de Rafael Moneo.  

El claustro

Visible parcialmente desde el exterior a través del pasaje que separa la Iglesia de los Jerónimos del nuevo edificio, el antiguo claustro protagoniza indiscutiblemente la actuación desarrollada en torno al mismo.  

Rafael Moneo ha conseguido no sólo reconvertir esta histórica pieza en uno de los espacios más destacados de su intervención sino aprovechar sus características para instalar un lucernario que irradia luz a todas las estancias que lo circundan, a modo de galerías, descendiendo también a las salas de exposiciones temporales a través de una escultórica estructura de acero cubierto de cristal transparente concebida como linterna. <---newpage--->

La linterna permite el paso de la luz natural desde el lucernario hasta las salas de exposición y podrá funcionar a la vez como una lámpara de luz artificial al haberse dotado de una instalación eléctrica con este fin.

Como una prueba más de la especial significación otorgada a este espacio dentro de la ampliación, el claustro se integra en el nuevo edificio como el corazón simbólico de toda la actividad de restauración y estudio de las obras de arte y lo hace además con un nuevo uso en sí mismo como espacio expositivo, lo que le otorgará por primera vez una visibilidad y disfrute público de los que nunca antes había gozado.

El claustro fue cuidadosamente desmontado, restaurado y restituido como primera fase del proyecto de ampliación.  

Los materiales de la ampliación

Las paredes son de granito gris abujardado (vestíbulo y otras estancias) o madera de cedro barnizada (paneles en el caso del auditorio y listones de madera maciza en las toberas de ventilación del claustro y en el recubrimiento exterior de la linterna que desciende bajo el lucernario hasta las salas de exposiciones temporales). Los suelos son de piedra de Colmenar (gris) en vestíbulo y zonas de tránsito público y madera de roble tratada con aceites naturales en salas de exposiciones temporales y auditorio. Para los depósitos de obras y salas de restauración, suelos continuos de hormigón.  

La carpintería de las ventanas es de bronce natural en los interiores y bronce patinado (aspecto envejecido) en los exteriores. En algunas fachadas del edificio Jerónimos se ha destacado el uso de este material mediante la instalación de muros cortina con perfiles macizos en bronce, como el que se aprecia tras la columnata de su fachada principal.  

Las ventanas, el lucernario y la linterna son de cristal extraclaro transparente, con reducción del factor solar para optimizar las condiciones climáticas del edificio, en ventanas y linterna, y cristal extraclaro traslúcido en el lucernario del claustro que actúa como cubierta del mismo.  

En cuanto a los paramentos interiores de la sala basilical (hall) y exteriores del auditorio se ha utilizado estuco (planchado en caliente) rojo pompeyano. Las fachadas están hechas de granito gris abujardado en la construcción semiexenta del área de enlace. Por su parte, en las fachadas correspondientes al nuevo edificio en torno al claustro se ha utilizado ladrillo macizo aplantillado con aparejo madrileño (“a tizón�?), en color creado ex profeso con una masa especial que imita la fábrica de Villanueva.  

Los pasillos peatonales que discurren entre el jardín de bojs creado en la cubierta del vestíbulo se han solado en basalto. La obra ha sido llevada a cabo por la UTE formada por ACS y Constructora San José, a la que se unió posteriormente Dragados Obras y Proyectos. El público podrá visitar las nuevas instalaciones en las jornadas de puertas abiertas que se celebrarán los fines de semana del 28 de abril al 1 de julio.

 

 

 

por Noticiascadadía

Búsqueda de Noticias

Por favor, rellena el campo de búsqueda.

Ahora en portada...