Catherine Frot, 30 años entre comedia y drama, hasta el éxito de "Odette"
Comenzó fundando su compañía de teatro y, cuando el cine la encasilló en la comedia, demostró sus dotes dramáticas
(Noticiascadadía/Agencias).- Ahora, después de 30 años, ha logrado el éxito rotundo con dos filmes opuestos: el thriller "La última nota" y la comedia "Odette".
A sus 41 años y con una larga trayectoria a sus espaldas, Catherine Frot admite que su receta para no caer en la rutina es "cambiar de registro". Y así lo hace, alternando, desde hace tiempo, la comedia con el drama.
Es una fórmula terapéutica que aplica, según cuenta en París a un grupo de periodistas, para "sorprenderme a mí misma y, de esa forma lograr sorprender al espectador".
Así, mientras este fin de semana próximo estrena "La última nota", el 6 de julio regresa a las pantallas españolas con "Odette, una comedia sobre la felicidad", dos películas que le han permitido mostrar dos personajes opuestos: En la primera, encarna a una pianista, "una mujer misteriosa y en horas bajas -cuenta-, que no puede recuperar su talento perdido".
Un thriller psicológico, firmado por el joven
Denis Decourt, que contrasta con el personaje
"luminoso, cándido y fresco; el de una mujer
feliz, a pesar de llevar una vida difícil",
explica Frot, quien, como Odette admira
profundamente a un escritor infeliz, debido a que
su popularidad se enfrenta a unas críticas que
le
tildan de "autor para peluqueras".
Estos dos seres tan dispares llegarán a encontrarse, gracias a una carta "sublime" que le envía Odette, como explica la actriz, quien se pone en este filme a las órdenes de Eric-Emmanuel Schimitt, un prestigioso guionista, autor de textos como "Enigma" o "Monsieur Ibrahim y las flores del Corán", que debuta aquí en la dirección.
El antes y el después en la vida de Catherine Frot lo marcó la obra y la película "Un aire de familia", por la que logró el premio Molíere de teatro y el César.
Escrita por la prestigiosa pareja de autores �?gnes Joui y Jean Pierre Braci, y llevada al cine en 1996, la obra permitió a Frot encarnar en ambas a Yoyo, "una mujer muy triste, pero que hacía reír". Y así fue cómo "a partir ese personaje, que conjugaba ambos extremos, pude conciliar la noción de lo patético y la farsa", explica. "Desde aquel momento comenzaron a llegarme ofertas", recuerda la actriz, quien comenzó su carrera trabajando 15 años en el teatro:
"Entonces -dice- soñaba con el cine, pero hoy, cine y teatro se mezclan y volver a los orígenes es una necesidad".
A los 22 años fundó su propia compañía de teatro, a la que pronto se uniría Jean-Pierre Darrousin: "Fueron diez años en los que dejé de lado todo objetivo personal para hacerlo todo juntos: vestuario, decorados, escritura... Poseíamos una gran carga imaginativa y tuvimos bastante éxito. Pero un día, tuve ganas de encontrar mi camino sola", explica.
En ese momento dio el salto al cine, y explotó su faceta cómica en filmes como "La cena de los idiotas". El problema, como apunta Frot, es que "las buenas comedias son limitadas; fácilmente resultan vulgares, farsas rudimentarias. Y al comediante se le menosprecia si se centra sólo en ese género", apunta la actriz, quien gracias a "unos cuantos directores que vinieron a buscarme", pudo dar el salto al drama: "Bastó con uno o dos filmes -añade- para que ahora me elijan indistintamente para uno u otro registro".
Considera que el actor es "una herramienta" y es consciente de que, como intérprete, "hay que tener una gran fuerza para atraer al público por uno mismo".














