“El humor y la migración”
Texto de la conferencia que Edwin Pérez impartió en la Casa de América de Barcelona el 28 de de noviembre del 2007, en el marco de las “Jornadas sobre el Humor en Iberoamérica”.
(Noticiascadadía).- En principio debo expresar
que de entrada pierdo por goleada porque no tengo
el honor de ser humorista, por lo que lo que yo
diga tal vez no suene tan gracioso, como lo que han
dicho los expertos que han estado con
nosotros.
En realidad soy un periodista, caminante y
migrante que en estos siete años ha viajado por
casi todo Europa con el fin de conocer la realidad
de los bolivianos y latinoamericanos.
Hoy daré especial énfasis a los bolivianos, muy
poco mencionados en estos días, salvo en la
descripción de que en el mapa “ideal” de
Sudamérica, los bolivianos estaríamos ubicados
entre los más hermosos del continente.
Es difícil tener buen humor cuando de los 350
mil bolivianos que hay en España 250 mil no tienen
papeles y viven en precariedad. También hay miles
de latinos en Europa y EE.UU. indocumentados o con
una condición poco clara de refugio o
asilo.
En el mes de diciembre en que nace el Niño
Jesús, tampoco es muy gracioso que niños de padres
con documentos recibirán 3.000 euros del Estado y
los que no tienen papeles, nada. Hay madres que por
la imposición del visado de la UE, no podrán ver a
sus hijos o esposos en tres o cuatro años. Escuchar
la frase “pisos patera” es tan común, que casi ya
no llama la atención el hacinamiento y promiscuidad
que implica.
Parece una broma de mal gusto que en países
donde aparentemente han evolucionado los DDHH, se
dé prioridad al tránsito de mercancías y no al de
personas. Ahora el mundo está dividido entre los
documentados y los “sin papeles” en castellano,
“sans papier” en francés o “kaine papieren” en
alemán. Eso ha provocado que muchos se vuelvan
invisibles porque ya no existen para su país de
origen y tampoco para el país de
residencia.
Pero los bolivianos estamos no solo en España,
sino en otros puntos del mundo. Por lo tanto, la
descripción que haré no solo se circunscribe a
España, sino a Europa y EE.UU. Por supuesto, muchos
latinos se sentirán identificados con esta realidad
a veces común, pero con matices.
Para empezar hay que decir que mi país es más
conocido en España y el mundo por dos extremos del
humor. El humor inocente, cuando el electo
Presidente Evo Morales visitó al Rey y Presidente
de España, vestido de un humilde jersey o chompa,
que causó más revuelo que el contenido de la
visita.
A muchos embajadores y migrantes nos preguntaron
por qué no vestíamos la misma prenda.
Por el otro lado, estuvo la broma de un locutor
de la cadena COPE que se hizo pasar por el
Presidente Zapatero y logró que Evo Morales cayera
en la trampa y diera datos reservados.
Hoy día, la figura de Evo es asociada y
caricaturizada por su relación (buena o mala) con
el Presidente Hugo Chavez.
DEL DRAMA A LA RISA
No hay duda que hechos embarazosos pueden dar
lugar a posteriores anécdotas o risas.
Por ejemplo, puedo decir que la conferencia mas
difícil de mi vida fue en Friburgo, Suiza, en la
escuela latinoamericana, ante veinte niños de 5
años de edad, hijos de latinos o de matrimonios con
europeos.
La primera frase que dije: “El proceso de
integración de los migrantes latinos en Suiza tiene
muchas dificultades”, derivó en diez minutos de
preguntas de la profesora y de los niños, en
castellano y en francés, para explicarles qué es
proceso, qué es integracion o qué somos los
migrantes.
Y esa es una de las barreras que debe enfrentar
el migrante: el idioma.
Hay hechos que en un momento provocaron dolores de
cabeza a emigrantes que en su primer día de trabajo
quieren mostrar que están muy despiertos, pero que
por no entender el idioma o costumbres parecen
fuera de foco y corren el riesgo de
perder el empleo.
Por ejemplo en Cataluña, si a uno de nosotros
nos dicen que el primer día de trabajo empezaremos
a “dos quarts de nou” alguno no entenderá que son
las 20.30 y llegará tarde.
No se imaginan la cara que puso una cocinera
boliviana cuando su nueva jefa le dijo que cocine
unas judías verdes. Como era nueva en la ciudad, no
sabía dónde estaba la comunidad israelí, hasta que
su jefa le explicó que las judías son lo que
nosotros llamamos “vainitas”.
En Italia, la que cuidaba a los “nonnos”
o”abuelos” le dijo a su jefa que había terminado de
hacer todo y su jefa le dijo “va benne, ven a
guardar el televisor”. La trabajadora empezó a
desconectar el aparato para ponerlo en una caja...
hasta que su jefa le explicó que en idioma
italiano la palabra “guardar”, significa “mirar” la
TV.
Otro día, con mi precario acento italiano
pregunté en Milán a una linda africana en qué
trabajaba. Me respondió “Io lavoro en la pulizzia”.
Yo, que andaba una semana sin visa en Italia, me
asusté porque tal vez era un agente civil de
policía. Casi me entrego a ella, hasta que me di
cuenta que pulizzia en italiano significa
“limpieza”.
Pero la incomprensión pasa también entre
latinos. En una finca de Londres la jefa mexicana
le dijo a su nueva empleada peruana que fuera a
traerle el burro. La peruana tardó media hora y le
dijo a su jefa que el burro ya no estaba en el
jardín y que tal vez se había escapado. La mexicana
le dijo que el “burro” era la “mesa de
planchar”.
CHISTE MACHISTA
Los antiguos viajeros aconsejan a los que llegan
a un país europeo o a EE.UU. que para aprender el
idioma deben conseguirse un “diccionario con
faldas” y pasar el examen de la virilidad. De lo
contrario, al día siguiente serán olvidados. Si
aprueban, como en Alemania, su teléfono ingresará
en la agenda de la improvisada maestra.
Como en los tiempos antiguos, una profesional
que tiene que trabajar como interna debe llamar,
según el país en que está, a sus jefas como
“patrona”, “señora” o “madame”. La trabajadora
puede ser muy eficiente, pero si el niño que cuida
se despiertade mal humor, ese puede ser su último
día. Una dominicana me dijo que no pudo trabajar
porque el niño austriaco decía que esa “negra” le
daba miedo.
También transplantamos las bromas entre
nacionalidades: Un chileno le dijo a un ecuatoriano
que andaba “más perdido que una gaviota en
Bolivia”. Como saben, Bolivia no tiene mar y por lo
tanto no tiene gaviotas.
En Suiza un indocumentado, varón y desempleado
(ya que las mujeres tienen más empleo), quería
volver a como dé lugar a su país. Alguien le dijo
que si quería irse sin pagar el pasaje de avión y
más bien ser expulsado, debía golpear a un policía.
Un día, él golpeó al primer policía que encontró,
pero en vez de un pasaje de avión se ganó un mes de
atención psicológica para saber qué le había pasado
para tener esa conducta violenta.
Los artistas y músicos son fuente inagotable de
anécdotas migratorias. Los de apariencia más
morena conquistaban europeas diciendo que eran
decsendientes directos de los jefes incas y
aztecas...
Hubo grupos folklóricos a los que se les
revisaba bombos, charangos o guitarras buscando
drogas o armas. Como los agentes no les creían que
eran artistas en plena frontera se ponían a tocar
una canción hasta convertirla en un concierto
aplaudido por los policías y demás
viajeros.
Poco después de la guerra en la ex Yugoslavia
traté de ingresar como periodista, pero en el
consulado en Budapest me dijeron que mi trámite iba
a demorar un mes.
Un funcionario en secreto me sugirió que ingrese
como artista. Cogí unos dvd y un par de chullus o
gorros y llegué hasta Belgrado y Saravejo no como
periodista sino como un artista de la calle. A
propósito, un homenaje para ellos porque con la
venta pública de mis libros y revistas he aprendido
lo que significa transportar instrumentos y cintas
para ganar un poco de dinero.
En Alemania, país amante del silencio, una vez
se publicó una caricatura que mostraba a un hombre
muy rico que lanzaba monedas a un músico para que
no cantara.
En Zurich en los buses y tranvías se puso
dibujos de prohibición de tirar basura al suelo,
comer dentro del bus o de cantar. El cantante
llevaba un sombrero de “charro mexicano” lo que
provocó la reacción de la Embajada porque así se
asociaba al latino con la mendicidad. El sombrero
fue borrado.
En el caso de España, que visito desde 18
años, cada vez se escucha menos la palabra
“sudaca”, porque hoy vivimos la “pedagogía de la
migración”. Esa pedagogía hace recordar a los
españoles su cercana condición de emigrantes.
En esa etapa también se muestra su buen humor. En
la película “Un franco, 14 pesetas”, se muestra la
escena de dos obreros en la década de los 60 que en
el baño de su hotel en Suiza descubren el papel
higiénico. Y entonces, ¿para qué sirve el
periódico? se preguntaron.
Los alemanes también tienen sentido del humor.
Uno de ellos me dijo que siempre es necesario que
en sus calles patrullen dos policías: uno que sepa
escribir y otro que sepa leer...
En Estocolmo, alguien me explicó la frase que en
Latinoamérica usamos la frase “hacerse el sueco” o
desentenderse de algo. Se trataba de que los suecos
permitieron el paso de las tropas alemanas para la
invasión de Finlandia en la Segunda Guerra
Mundial.
Hablando de Finlandia, en un karaoke podemos
hacer buenos amigos porque las palabras que usan en
su mismo idioma tienen la misma lectura que las del
castellano.
En Nueva York me contaron que el lider de una
delegación de latinos que visitaba por primera vez
EE.UU. luego del aterrizaje se paró en medio del
avión para dar un discurso de agradecimiento al
piloto y las azafatas por el buen viaje y les
prometía volver a volar con la compañía. Por
supuesto, casi nadie le aplaudió.
Otro miembro de esa delegación, que nunca había
subido al Metro, al verlo
llegar levantó la mano como si fuera un
taxi.
Otro latino, en su país en medio de las
parrandas estaba acostumbrado a irse a pie a su
casa. En Washington no hizo caso a la advertencia
de su anfitrión y salió. Una hora más tarde le
llamó por teléfono para decirle que estaba
perdido.
- Te lo advertí. Voy a recogerte. ¿Dime dónde
estás?.
- Déjame ver... ah, estoy en la esquina de “One
way” y “Dont walk”.
LOS GRINGOS
Por supuesto los que recién llegamos a otro país
cometemos algunos errores. Sólo el que no viaja
nunca puede criticarnos, porque él no sabe lo
que es desenvolverse en medios o idiomas extraños.
Curiosamente, ellos son los más racistas.
Pero ¿qué pasa con los que van a
Latinoamérica?.
A veces en nuestros países decimos en voz baja
“gringo zonzo” o “gringo tonto”al que no entiende
nuestros códigos, cuando decimos que el pueblo
“está aquí a la vueltita” (cuando está a 10 km ) o
que el jefe vuelve “ahorita” (cuando ya se fue para
almorzar) o no entiende nuestros profundos valores
del “ama sua, ama llulla o ama kella”, que
significa “No seas flojo, no seas mentiroso y no
seas ladrón”
La migración latinoamericana tiene luces y sombras
pero es innegable nuestro buen humor.
Por supuesto que contribuimos en lo económico y
también en lo político.
EE.UU. se tambaleó cuando los migrantes no fueron a
trabajar por un día, en defensa de sus derechos.
Sabemos que lo mismo puede ocurrir en Europa.
Pero, un poco en serio y un poco en broma, yo me
animaría a plantear que los latinos hagamos una
huelga de 24 horas sin risas ni buen humor.
El rostro de la Europa de hoy, arrugado por el frío
invernal, seguro que perdería más brillo.
Si en nuestros propios países por un día
dejáramos de sonreír, cantar o piropear a los
turistas... de dónde ellos recogerían energía para
volver a su vida monótona, que tiene todo o casi
todo arreglado?. ¿Cómo podrían curarse de su
depresión o de sus ganas de suicidarse porque están
gorditos o
calvitos?
Una joven alemana me dijo que en el altiplano
boliviano aprendió a reír. Dos niños campesinos
jugaban con una pelota destrozada y le invitaron a
correr bajo el cielo azul y la brisa del lago
Titicaca. Todavía recuerdo la ternura de sus ojos
cuando me comentaba eso.
ENTRE EL MIEDO Y EL HUMOR
Hoy creo que el mundo es bi-polar: el de la
industria del miedo (que nos manipula para que
miremos con recelo al extraño), y la industria del
humor, que ahora hemos conocido más.
Parafraseando a Martín Luther King puedo decir:
I have a dream (yo tengo un sueño )
- Llegará el día en que los agentes de Migración
no nos mirarán con soberbia creyendo que somos
delincuentes o terroristas. Que la sonrisa estilo
“Ronaldiño” en la foto de nuestro pasaporte sea una
señal más de identificación.
- Que los jefes y obreros nos sentemos juntos en
una mesa para planificar futuras obras y usar todos
nuestras potencialidades, sin importar nuestro
acento extranjero.
- Que los medios de comunicación europeos y
norteamericanos paguen lo que yo llamo la “deuda
informativa” con Latinoamérica y no sólo describan
la pobreza, el llanto y la desolación de nuestra
gente, sino nuestras ganas de vivir y el fuego de
nuestra pasión.
- Que las bromas de los niños latinos sean
comprendidas por los niños europeos, árabes y
africanos y que aprendan juntos a descubrir el
mundo y bañarlo de sonrisa y fraternidad. Que se
rían a carcajadas de algo, pero no de
alguien.
En este seminario en esta Casa de América, que es la casa común de españoles y latinoamericanos, hemos entendido que el humor rompe fronteras, nos pone en igualdad de condiciones y nos vuelve más tolerantes. Hay que entender de una vez por todas que el humor puede y debe ser amor. El humor es amor.




















