Historia del aceite
Las cuadrillas de aceituneros y eceituneras se concentran al alba en los portillos, lugares escogidos para salir hacia los tajos
(Diputación Jaén/Ncd).- La recolección de la
aceituna es todo un mundo que genera su propia
idiosincrasia, sus señas de identidad, sus jergas,
sus modos y costumbres. Todo ello vinculado a las
tareas de recolección y a las labores propias del
cultivo y laboreo de los olivos. Tambien a la
molturación de las aceitunas en las almanzaras,
aunque el sistema tradicional de ésta última haya
cambiado.
En la recogida las tareas tradicionales se
mantienen en el tiempo, aunque la presencia de
artilugios mecánicos como las vibradoras pone un
punto de modernidad, no exento todavía de polémica
sobre su eficacia. Iniciada la recolección, con el
árbol ofreciendo las aceitunas maduras en su copa
(parte de ellas tambien en el suelo) su recogida
hay que hacerla con sumo cuidado para no dañar las
aceitunas. El vareo es la técnica tradicional. Se
realiza con la piqueta, una vara larga con cierta
flexibilidad y con la que hay que golpear el ramaje
del olivo para que la aceituna caiga en los manteos
o mantones. Hay que golpear con oficio para no
dañar las ramas, y de forma concienzuda para no
dejar aceitunas en el olivo (u "oliva", como
tambien se le llama al árbol). Por ello uno de los
vareadores, a veces dos, "apura" por dentro y por
fuera del olivo las aceitunas que han
quedado.
Mientras los hombre varean, las cogedoras y los
cogedores (tarea que todavía desempeñan
fundamentalmente las mujeres) van por delante
recogiendo de rodillas las aceitunas del suelo en
las esportillas. Las aceitunas iban después a la
limpia (que ya apenas se usa), una especie de criba
que primero fue de madera y luego metálica,
inclinada sobre la vertical del suelo, por la que
caían las aceitunas. Mientras la hojarasca caía al
suelo por las rendijas de la limpia, las aceitunas
iban a un esportón, antaño de esparto y despues de
goma, donde se le daba el último repaso quitando
chinas, barro y el resto de hojarascas. Hoy sin
embargo la limpieza de la aceituna se suele
realizar directamente en la almazara. De los
esportones pasa la aceituna a los sacos, que se
atan cuidadosamente y se acarrean al tractor o al
todoterreno (es muy raro ver a las mulas con sus
serones cargados de aceituna) para trasladar los
sacos a la almazara, o al molino, como todavía se
les llama en muchos pueblos.
En la almazara se pesa, pasa a las modernas
limpiadoras de nuevo y de ahí a las tolvas, para
acabar en el sistema continuo de molturación, de
donde saldrá ya el aceite.
La capacidad de los sistemas de molturación ya es
tanta que la aceituna pasa poco tiempo almacenada
en el patio de las almazaras. Así se evita que se
"atroje" demasiado, porque ello supone pérdidida de
calidad en el aceite. El aceite nuevo pasa a los
modernos depósitos de aluminio. Antes iba a los
trujales, que ya no abundan. Tambien han
desaparecido, practicamente, las viejas prensas,
donde se montaban los cargos con los capachos
circulares, en los que se prensaba la masa de la
aceituna previamente molturada para exprimir el
aceite.
Terminada la recolección de la aceituna en los
"tajos", se procede a la corta. Podar el olivo
requiere maestría. Hay que quitarle las ramas que
no sirven, "darle aire", y propiciar así el
crecimiento de nuevasa ramas con renovados bríos y
nuevos frutos. Las ramas cortadas al olivo, el
ramón, se quema entre las claras de los olivos, o
las camás, como se las denomina tambien. Este
trabajo hay que acerlo con sumo cuidado, teniendo
en cuenta el viento que sopla para evitar que se
puedan prender los olivos circundantes con la
hoguera que se forma. Éste es el método para
eliminar las ramas procedentes de la corta, no así
los palos, que se venden, convenientemente
cortados, o se emplean para el fuego
doméstico.
Después de la corta y quema del ramón hay que arar
el olivar. Una vez arado hay que hecerle bien los
suelos, sobre todo si el terreno es propicio porque
sea llano. Hacer los suelos es apisonar hasta dejar
llano un circulo de regulares dimensiones, según el
tamaño del olivo, en torno al mismo. Así cuando la
aceituna caiga no cogerá chinas y menos barro si
llueve. Cuando empieza a brotarle las nuevas ramas
al olivo hay que desvaretar o chuponar eliminando
con una hachuela las "varetas" o "chupones",
fundamentalmente las que crecen en torno a la base
del tronco. A su debido tiempo hay que fumigar
contra las plagas, y echar abono para mejorar el
rendimiento del olivo. Ahora se utilizan los abonos
químicos, pero durante mucho tiempo era común
abonar con el estiercol procedente de las mulas y
borricos, que se esparcía en torno al tronco de los
olivos.
Terminado el ciclo llega de nuevo, en diciembre, la
recolección. Las cuadrillas de aceituneros y
eceituneras se concentran al alba en los portillos,
lugares escogidos para salir hacia los tajos. A
cargo del grupo va el manijero, encargado de
dirigir las tareas de recolección. En el tajo se
trabaja con ritmo. A medio día se hace un alto
breve para comer y a media tarde, antes de que
lleguen las sombras, se termina la tarea. Al día
siguiente se retoma la misma en el olivo donde se
dejó. Si se va a "destajo" (tanto coges tanto
ganas) el ritmo es muy superior. Cuando en un tajo
se termina la recolección suele celebrarse todavía
el remate o butiferia en el mismo tajo. Trasiega el
vino y se mueven las tapas y los aperitivos para
celebrar una recolección que si es buena y ha
durado tiempo para sumar más jornales, mucho
mejor.
Atrás quedaron otros modos de vivir la aceituna. Ya
no se "tira el pañuelo al señorito" cuando va a
visitar a su cuadrilla para pedir el aguinaldo. Ya
no se realiza el rituaol de aparejar al mulo o a la
mula, de llenar la cántara de agua y cargarla en el
serón. Ya se ven menos "enaguas" y más monos de
trabajo y ropa deportiva. Ya no hay hachas, ni
"asperones" para sacarles filo, y sí motosierras.
Pero lo cierto es que el olivar ha cambiado para
bien: ha evolucionado y ha sido capaz a la vez de
mantener sus tradiciones.










