La 12ª Parada del Orgullo Gay congregó en la brasileira San Pablo, a 3,5 millones de personas
(Noticiascadadía/Agencias).- Es morena, alta y
delgada. Un junco con una sonrisa perfecta. Se
llama Andreia Albertini y casi le hace perder el
sueño a Ronaldo, el jugador brasileño del Milan.
Fue ella, el travesti, quien hizo pública una noche
pasada junto a otras colegas con el astro del
fútbol mundial. Ayer, con pechos al aire, desfiló
en medio de la marea de homosexuales, bisexuales,
lesbianas y heterosexuales, que copó la Paulista,
la avenida más tradicional de esta ciudad.
La 12ª Parada del Orgullo Gay tuvo
mucho de fiesta carnavalesca, con disfraces
multicolores y decenas de carrozas con músicos y
bailarines. Sobre las cifras hubo polémica. Unos
dijeron que había al menos 3,5 millones de
personas. Los organizadores bromearon con que eran
5 los millones de presentes. Como sea, en la
Paulista no cabía un alfiler. San Pablo se ha
convertido en la sede de la mayor manifestación del
mundo gay a favor de la diversidad sexual.
Presidida por una gigantesca bandera con los
colores del arco iris, representativa del
movimiento gay, la fiesta convocó hasta
autoridades: estuvieron allí Gilberto
Kassab, el alcalde de San Pablo (ciudad
capital de 12 millones de habitantes); la ministra
de Turismo, Marta Suplicy, una de
las promotoras históricas del mitin y varios
legisladores nacionales.
"Esta es una Parada política", declaró el
presidente de la Asociación de la Parada del
Orgullo Gay GLBT (Gays, Lesbianas, Bisexuales y
Transexuales). Para el dirigente gay,
Alexandre Santos, por detrás del
show "hay un deseo político de mostrar el orgullo
de ser lo que somos. Otro de los líderes,
Manoel Antônio Zanini, sostuvo:
"Buscamos concientizar, no hacer un espectáculo
circense". Para el coordinador de Diversidad Sexual
del municipio de San Pablo, Cássio
Rodrigo, "ésta es una protesta por los
derechos que nos son negados los otros 364 días del
año".
Pero las lentejuelas y los brillos de los trajes de
Drags Queens y Drags King (hombre con vestidos de
mujeres y mujeres vestidas de hombres), que
dominaron la marcha, ocultó el carácter
reivindicativo. No obstante, hubo un carruaje
austero que enfiló literalmente vacío por la
Paulista: representaba, dijeron los organizadores,
a las víctimas del sida y de los prejuicios,
ausentes en la marcha.
En Brasil, hubo 2.800 asesinatos de gays en los últimos 20 años. No por eso, Alexandre de Santos se bajó de las pretensiones políticas. Ahora se trata de sensibilizar a los políticos brasileños para que se apuren a votar leyes que garantizarán los derechos gays. "No se puede confundir al Congreso con el púlpito de una iglesia", sostuvo.
La semana pasada una ley aprobada en Diputados para castigar los actos discriminatorios contra los homosexuales, fue postergada por el Senado. La dilación se debió a las fuertes presiones de las cúpulas religiosas, tanto evangélicas como la católica.
La ecuménica Liga Cristiana Mundial intentó impedir que se realizara la marcha. Llegó a presentarse ante la justicia con el argumento de que el desfile violentaba a niños, adultos y ancianos. El tribunal archivó la causa.













