miércoles, 1 de octubre de 2008 :: Noticiascadadía > Cultura
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La 5ª Feria de la Edición de Canarias dedica varios debates a esta tarea esencial en la literatura

Especialistas en traducción abordaron los perfiles económicos del oficio

Foto: La 5ª Feria de la Edición de Canarias dedica varios debates a esta tarea esencial en la literatura

(Noticiascadadía/Agencias).- ¿Debe el traductor hacer aportaciones a la obra en la que trabaja? ¿Está bien pagado y reconocido el oficio? Estos fueron los ejes de debate sobre los que giraron las dos mesas redondas dedicadas a la traducción en la 5ª Feria de la Edición de Canarias. Con la participación de profesionales del gremio, editores y escritores, se hizo un repaso a las cuestiones esenciales de esta tarea fundamental y escasamente reconocida en la literatura.

La primera, celebrada el viernes, reunió a los editores gallegos Moisés Barcia y Penélope Pedreira (Rinoceronte Editora), la poeta y editora Elsa López (La Palma ediciones), Sònia García (Institut Ramon Llull), el poeta y traductor tinerfeño Alejandro Krawietz (Taller de Traducción Literaria de la ULL) y el traductor rumano Dan Munteanu. La segunda mesa estuvo integrada por la traductora Teresa Iturriaga (profesora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria), el presidente de la asociación de traductores ACETT, Mario Merlino, y el director del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO), Víctor Colodrón. Ambas mesas contaron con la participación del periodista tinerfeño Alfonso González Jerez, que actuó como moderador.

Aunque la primera mesa se titulaba De profesión traductor. Su importancia en el mundo editorial, los participantes discutieron sobre si el texto original pierde o gana al ser trasladado a otra lengua. Elsa López dijo que al oír sus poemas traducidos al árabe tuvo la impresión "de que no eran míos". "Hay un desdoblamiento", aseguró la poeta, quien a pesar de defender la traducción, se sentía ajena a su obra en otro idioma. Alejandro Krawietz secundó esta afirmación y aseguró que su impresión al leer sus poemas en otro idioma ha sido como "escuchar a través de una máscara".

El editor gallego Moisés Barcia afirmó que "traducir es perder" y dijo que la pérdida es mayor o menor según de qué texto se trate: "en un ensayo se pierde menos que en la poesía".

Sin embargo, sostuvo que la otra cara de la moneda es si el texto se analiza desde la lengua que recibe la obra traducida. Entonces, afirmó, "traducir es ganar". Rinoceronte Editora está especializada en la traducción al gallego de textos internacionales. El joven editor afirmó que "traducir supone romper una codificación muy especial entre al autor y la obra que ha escrito. Cuando esto sucede, la obra es otra". Sònia García, del Institut Ramon LLull, indicó que en Cataluña, "traducir es ganar", porque "fuerzas a tu propia lengua hacia sus límites". Dan Munteanu, traductor rumano afincado en Gran Canaria, defendió que el profesional debe tener un conocimiento amplio de la cultura de la que procede el texto que está traduciendo. "Yo, como traductor, debo comprender hasta el último detalle, la estructura profunda de lo que quiere decir el autor". "¿Cómo explicas a un rumano lo que es un rancho de ánimas si tú no lo sabes?", se preguntó el experto. Para Munteanu, "un buen traductor no debe añadir, ni quitar ni juzgar. No puedo permitirme eliminar de la poesía de Alberti la palabra "gualda" porque a mi me viene mejor la palabra "amarillo", afirmó.

El salario.

Precisamente, la cuestión de la confianza y la capacidad de los traductores de "comprar pan" a través de su oficio centró el debate de la segunda mesa, en la que se partió de una intervención de Teresa Iturriaga, profesora de la Facultad de Traductores e Intérpretes de la ULPGC, con la que reivindicó la contratación de profesionales titulados como alternativa a una confianza fundamentada en criterios subjetivos. Iturriaga se quejó de que los editores se basen más en esos criterios y no demanden profesionales titulados. La intervención de la traductora y profesora universitaria tuvo su réplica en las palabras del presidente de la asociación de traductores ACETT, Mario Merlino.

Merlino se mostró satisfecho de la existencia de las facultades de traducción, pero aseveró que éstas "no son garantía de calidad" y reivindicó el carácter de "oficio" de la profesión, algo que puede aprenderse con la práctica. Merlino señaló que él traduce por "ser un apasionado de la literatura y tener conocimientos de lenguas". Su trabajo ha sido recientemente reconocido con el Premio Nacional de Traducción. "Este es un oficio como el de escritor, que está en estado de formación permanente", apostilló.

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