Máter amantísima
Artículo de opinión de Fernando R. Ortega
(Noticiascadadía/Opinión).- Recuerdo que hace
muchos años vi la película de José Antonio Salgot,
protagonizada por una joven Victoria Abril. Era
1980. La sinopsis es esta (según la Red): Clara
da a luz a su hijo Juan. Surgen problemas en el
parto. El niño nace "desconectado": presentará
pronto síntomas de autismo. Según crece requiere
más atencion. La relación madre-hijo se hace
patológica. Clara aumenta su identificacion con
Juan. Se va aislando del mundo exterior para
dedicarse solo a su hijo.
Por otra parte, viene a mi memoria Rhea hija de
Urano y Gea. Al parecer con ella se inició la
tradición de celebrar el día de la madre.
Ayer, por ejemplo, vimos a otra madre feliz:
Letizia.
Todos estos mimbres se unen para recordar que
mañana, por hoy, es el día de la madre.
Madres.
Lejos de las campañas publicitarias que aprovechan
hasta el color de la cremallera de la bragueta de
la vecina para venderte incluso un alma de alquiler
para unos días en "Jaén II", deben ser reconocidas,
no hoy, en este día, sino a diario.
Podríamos caer en el "nacionalsocialismo" del
Partido alemán, que sólo veneraba a la Patria
y a la figura de la madre, o en el vetusto
"matriarcado", instalado en las primeras sociedades
humanas, o ser acusados de "Edipos"; pero es
que, ellas, las madres, son nuestro nexo de unión
entre la nada, la vida y la vuelta a la nada.
Creo haber dicho ya en alguna ocasión que la mujer
es el ser humano perfecto e imprescindible, por
naturaleza: da la vida, milagro que no es posible
sin su útero. Pero es que cuando ellas paren, crean
vida, se otorgan el derecho a mantener una relación
con sus hij@s absolutamente inquebrantable.
Las he visto llorar en las puertas de las
cárceles, amamantar, dejarse sacar sangre,
defender la inocencia de su criatura o volverse
locas arrebatándoles la vida a sus descendientes
como unas "medeas" enajenadas por un chute de amor
maternal. Pero ellas son así.
María se mantuvo a los pies de su hijo hasta que
éste expiró abandonado por su Padre. Ella se empapó
con sus gotas.
En todos los tiempos ha habido motivos para
reconocer a la figura de la madre, insustituible.
La figura de él, páter familias, es movedizo. Madre
no hay más que una. La madre que te parió.
Me subyuga ver unos pechos que dan de beber
al nacido indefenso, una barriga que alberga al
nasciturus o unas eternas pernoctas junto a las
camas de hospitales, cárceles, cuevas, casas de
adobe... Admiración.
Vaya mi sentido homenaje a todas las MADRES del
Mundo, las que están y son, las que sin estar,
fueron, o las que serán. Su cordón, el que nos da
alimento durante nueve meses, permanece en nosotros
hasta el día que nos extinguimos; dicen, he oído al
menos, que el último recuerdo de un ser humano
antes de apagar su luz vital es el de su madre.
Será que de ella nacemos y a ellas volvemos. Por
eso nunca dejamos de ser hijos de...
Mamá, esto también va por ti.
Abogado, empresario, escritor y ejerce de Vagamundos.











