¿Quemará la llama olímpica la marca de los sponsors?
La televisión emitió imágenes dramáticas: los corredores que llevaban la antorcha olímpica por las calles de varias capitales estaban custodiados por dos hileras de guardias chinos y por la policía local mientras los manifestantes se metían en medio de la barricada humana para intentar arrebatar la llama histórica de las manos de los atletas
(Noticiascadadía/Agencias).- Las escenas mostradas por la televisión en Londres y París a principios de abril eran el peor escenario posible para las relaciones públicas de China, anfitriona de las próximas Olimpiadas. Pero para los tres patrocinadores internacionales de la gira mundial de la antorcha olímpica, no todo fueron malas noticias: en las imágenes de las personas que se peleaban en las calles, apenas se veían los logotipos de Coca-Cola, Lenovo y Samsung Electronics.
Sin embargo, como faltan aún algunos meses hasta
las Olimpiadas, puede que los patrocinadores no
tengan la misma suerte todo el tiempo. Activistas
de derechos humanos, personajes famosos, líderes
políticos y los ciudadanos comunes y corrientes
acusan a China de reprimir a la población de Tibet,
respaldar un régimen genocida en Sudán y sofocar la
disidencia religiosa y política en territorio
chino. Hay mucha gente dispuesta a organizar otras
manifestaciones públicas contra China durante los
Juegos. Mientras tanto, autoridades chinas dijeron
que expulsarán a los atletas olímpicos que se vean
involucrados en “propaganda política” como, por
ejemplo, la exhibición de la bandera tibetana. ¿Es
posible que salga a la luz una foto o un video poco
afortunado, por ejemplo, mostrando a la policía
china golpeando a un manifestante en Pekín teniendo
como imagen de fondo el logotipo de General
Electric, Johnson & Johnson o Visa?
De las doce empresas que componen el grupo de
“Patrocinadores Mundiales de las Olimpiadas”, el
nivel más elevado de patrocinio, cuyo coste
estimado es de más de 70 millones de dólares cada
uno, sólo uno de ellas, Lenovo, es de origen chino.
Para los profesores de Wharton, los patrocinadores
internacionales tendrán que ser muy prudentes para
cosechar los beneficios del patrocinio de un evento
tan alabado y con semejante tamaño preservando, al
mismo tiempo, su reputación de empresas con
responsabilidad social corporativa fuera de
China.
“Hace décadas que las Olimpiadas son el blanco de
protestas políticas de una o de otra naturaleza”,
dice Kenneth Shropshire, director del Proyecto de
Negocios Deportivos de Wharton [Wharton Sports
Business Initiative]. “Teniendo en cuenta el grado
de respetabilidad de las marcas involucradas en el
evento, era de esperar que ellas encararan la
cuestión de una forma más sofisticada y se
preguntaran: ‘¿Qué planes vamos a poner en práctica
si hay protestas?’ Si no pensaron en eso antes,
tendrán que cargar ahora con las
consecuencias”.
Shropshire espera que los patrocinadores anuncien
estrategias de relaciones públicas que subrayen el
“bien que están haciendo por China”. De momento,
algunos patrocinadores corporativos, junto con el
Comité Olímpico Internacional (COI), expresaron la
idea de que la interacción de las empresas con
China a través de los juegos podrá promover
un bienestar social que de otro modo jamás sería
posible.
Según declaró Coca-Cola, empresa con sede en
Atlanta, en Georgia, en relación a Darfur: “Aunque
no le corresponda a Coca-Cola involucrarse
directamente en las decisiones políticas internas
de naciones soberanas, creemos firmemente que
podemos tener un impacto positivo si mantenemos
nuestro patrocinio de los Juegos Olímpicos”. En la
misma declaración, la empresa destacó que ya donó,
y continuará donando, millones de dólares todos los
años para ayudar a reducir el sufrimiento de la
población de Darfur. Una declaración semejante de
la empresa sobre Tibet dejó claro la profunda
preocupación de Coca-Cola por la situación de los
tibetanos, aunque reiterara el hecho de que, para
la empresa, las Olimpiadas son como “una fuerza del
bien [...] Creemos que los ideales del Movimiento
Olímpico de construir un mundo mejor a través del
deporte, de la amistad y del juego limpio son más
importantes que nunca”.
Representantes de Coca-Cola se reunieron con el
grupo neoyorquino de derechos humanos Human Rights
Watch, ocasión en la que la empresa rechazó atender
la solicitud del grupo de discutir con el Gobierno
chino la cuestión de los derechos humanos. En vez
de eso, la empresa dijo que llevaría la cuestión al
Comité Olímpico Internacional, según un artículo
publicado en abril por The Wall Street Journal.
Jacques Rogge, jefe del COI, rechaza atender las
peticiones hechas al órgano para que presione a
China, según dijo en febrero: “No se debe esperar
que el COI resuelva los problemas del mundo”. En
abril, después de que Rogge declarara que los
juegos estaban en “crisis” inmediatamente después
del recorrido de la antorcha olímpica, una portavoz
del Gobierno chino lo criticó por sacar a la luz
“factores políticos irrelevantes”.
Witold Henisz, profesor de Gestión de Wharton y
experto en gestión de riesgo político, no está de
acuerdo con la idea de que los Juegos Olímpicos
estén exclusivamente asociados al deporte. “Si
observáramos los 112 años de historia de las
Olimpiadas, veremos cómo la política tiene una
presencia destacada en este evento”, dice Henisz,
resaltando el uso que hizo de los juegos la
Alemania nazi en 1936 para alardear de su poder;
recordó también el saludo del “Poder Negro” [Black
Power] utilizada por los atletas afroamericanos que
recibieron medallas en 1968; durante la Guerra
Fría, Moscú boicoteó los juegos de Los Ángeles; en
1972, en las Olimpiadas de Munich, se produjo la
masacre de atletas israelíes. “Las empresas que
quieran patrocinar los juegos tienen que navegar
por las corrientes subterráneas de la política”,
añade Henisz. En el momento actual, es preciso que
las empresas se tomen en serio la cuestión de los
derechos humanos. “Sin embargo, su reacción no
deberá ofender a los chinos. Se trata de alcanzar
un equilibrio muy delicado, que exige enorme
habilidad diplomática”, apuntó.
Henisz duda de que los patrocinadores hayan tomado
en cuenta con antelación los riesgos políticos. “No
me sorprendería si muchos han subestimado la
posibilidad de que los juegos se conviertan en un
problema internacional y, en vez de eso, han
razonado de la siguiente forma: ‘Podemos llegar a
miles de millones de espectadores; vamos a dejar la
cuestión política en un segundo plano’”, dice él.
“Pero, el problema político no tiene que ver con el
dinero. Tiene que ver con la esperanza, el miedo y
con un propósito y una identidad comunes”.















