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lunes, 24 de septiembre de 2007 :: Noticiascadadía > Cultura

Rosa se rinde al cáncer el día en que en España podría ser legal

Por Edwin Pérez

Foto: Rosa se rinde al cáncer el día en que en España podría ser legal

(Noticiascadadía).- La boliviana Rosa Santos Quispe, debería recibir hoy su primer documento de residencia en España, luego de tres años de permanecer aquí, pero hace unas horas decidió liberarse de su intenso dolor y pidió la anestesia casi total, para esperar sin sufrir más que el cáncer acabe con su vida, a los 44 años de edad.

La medianoche del miércoles fue el límite de su resistencia a ese dolor  provocado por el cáncer y las várices en la zona hepática y que, en la lucha
con los medicamentos, hicieron hinchar su estómago de manera considerable y
disminuyeron la energía de sus manos al darle la mía.

En su estado de semi-consciencia y de palidez en el hospital Murillo Díaz de
Madrid, esta heroína moderna, nacida en Chuquisaca y radicada luego en Santa
Cruz, expresó su agradecimiento por la solidaridad de españoles y bolivianos, que se enteraron de su historia, a través de Raíz Bolivia.

Su hija Lizeth informó que un sacerdote que llegó de Bolivia la visitó para darle apoyo espiritual y gestionar ante la Embajada de España que se acelere la visa para la llegada de su tercer hijo, con quien ella quería tener una última reunión familiar, para decir que toda su vida trató de ser buena madre y que se cuiden y protejan entre todos.

Lizeth dijo que ahora la incógnita es saber si su hermano gastará tanto dinero para venir y que, casi al mismo tiempo, el cuerpo de su madre sea trasladado a Bolivia, cumpliendo su último deseo y el deseo de su esposo, que no la ve desde hace tres años. Curiosamente, el viaje a España de Rosa se produjo un día después de que él cumplió años.

ARRAIGO SOCIAL

Rosa, al igual que miles de hombres y mujeres indocumentados, iba contando
los días hasta llegar a los tres años, para acogerse al beneficio del “arraigo social”, previsto en las leyes de España para aquellos que tienen una oferta de trabajo y no han tenido problemas con la ley. Pero la enfermedad llegó antes que los “papeles” y Rosa se irá sabiendo que hizo bien al traer a sus dos hijos de 27 y 20 años, mientras que el otro de 23, se quedó en Bolivia con su padre para terminar sus estudios universiatrios, con el dinero que ella mandaba.

En medio de sus delirios, Rosa aún pregunta si su hijo ya ha llegado o  repite una y otra vez “vámonos”, la palabra de muchos migrantes que extrañan
su tierra y recuerdan sus montañas, valles y llanos.

AMOR MADRE HIJA

Rosa fue madre a los 17 años y cuando se enteró que ya iba a dar a luz a  Lizeth, se fue de Sucre y fue atendida por una matrona en el área rural, porque tenía miedo de que en el hospital le cambien a su bebé, algo que pasaba a veces hace dos décadas.

Ese cuidado especial continuó en España, donde Lizeth y su madre compartían
las alegrías y tristezas de la distancia. “La voy a extrañar mucho”, dice la joven Lizeth, que prepara la despedida con aplomo, ya que, por azares de la vida, en su primer trabajo en España acompañó hasta su última hora a una anciana española o “yaya” como las llaman aquí.

Ahora Lizeth tiene que buscar tres mil euros para los gastos de la funeraria, mientras que en el Consulado de Bolivia le ofrecieron apoyarle con el envío de los restos de su madre. Rosa se irá con su hijo mayor, de 27 años, que ya no encuentra razones para quedarse en Europa, donde los hombres sufren más que las mujeres, por razones laborales.

En su lecho, Rosa murmura algo al oído de Lizeth, mientras que un pariente y
una amiga observan impotentes. Es mejor despedirnos. Afuera, la lluvia de
Madrid marca la agonía del verano y una lágrima oculta marca el adiós a Rosa, madre y mujer migrante, una heroína del siglo XXI.

Edwin Pérez U. es Director de la Revista Raíz Bolivia.

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