Rosa se rinde al cáncer el día en que en España podría ser legal
Por Edwin Pérez
(Noticiascadadía).- La boliviana Rosa Santos
Quispe, debería recibir hoy su primer documento de
residencia en España, luego de tres años de
permanecer aquí, pero hace unas horas decidió
liberarse de su intenso dolor y pidió la anestesia
casi total, para esperar sin sufrir más que el
cáncer acabe con su vida, a los 44 años de
edad.
La medianoche del miércoles fue el límite de su
resistencia a ese dolor provocado por el
cáncer y las várices en la zona hepática y que, en
la lucha
con los medicamentos, hicieron hinchar su estómago
de manera considerable y
disminuyeron la energía de sus manos al darle la
mía.
En su estado de semi-consciencia y de palidez en
el hospital Murillo Díaz de
Madrid, esta heroína moderna, nacida en Chuquisaca
y radicada luego en Santa
Cruz, expresó su agradecimiento por la solidaridad
de españoles y bolivianos, que se enteraron de su
historia, a través de Raíz Bolivia.
Su hija Lizeth informó que un sacerdote que
llegó de Bolivia la visitó para darle apoyo
espiritual y gestionar ante la Embajada de España
que se acelere la visa para la llegada de su tercer
hijo, con quien ella quería tener una última
reunión familiar, para decir que toda su vida trató
de ser buena madre y que se cuiden y protejan entre
todos.
Lizeth dijo que ahora la incógnita es saber si
su hermano gastará tanto dinero para venir y que,
casi al mismo tiempo, el cuerpo de su madre sea
trasladado a Bolivia, cumpliendo su último deseo y
el deseo de su esposo, que no la ve desde hace tres
años. Curiosamente, el viaje a España de Rosa se
produjo un día después de que él cumplió
años.
ARRAIGO SOCIAL
Rosa, al igual que miles de hombres y mujeres
indocumentados, iba contando
los días hasta llegar a los tres años, para
acogerse al beneficio del “arraigo social”,
previsto en las leyes de España para aquellos que
tienen una oferta de trabajo y no han tenido
problemas con la ley. Pero la enfermedad llegó
antes que los “papeles” y Rosa se irá sabiendo que
hizo bien al traer a sus dos hijos de 27 y 20 años,
mientras que el otro de 23, se quedó en Bolivia con
su padre para terminar sus estudios universiatrios,
con el dinero que ella mandaba.
En medio de sus delirios, Rosa aún pregunta si
su hijo ya ha llegado o repite una y otra vez
“vámonos”, la palabra de muchos migrantes que
extrañan
su tierra y recuerdan sus montañas, valles y
llanos.
AMOR MADRE HIJA
Rosa fue madre a los 17 años y cuando se enteró que ya iba a dar a luz a Lizeth, se fue de Sucre y fue atendida por una matrona en el área rural, porque tenía miedo de que en el hospital le cambien a su bebé, algo que pasaba a veces hace dos décadas.
Ese cuidado especial continuó en España, donde
Lizeth y su madre compartían
las alegrías y tristezas de la distancia. “La voy a
extrañar mucho”, dice la joven Lizeth, que prepara
la despedida con aplomo, ya que, por azares de la
vida, en su primer trabajo en España acompañó hasta
su última hora a una anciana española o “yaya” como
las llaman aquí.
Ahora Lizeth tiene que buscar tres mil euros
para los gastos de la funeraria, mientras que en el
Consulado de Bolivia le ofrecieron apoyarle con el
envío de los restos de su madre. Rosa se irá con su
hijo mayor, de 27 años, que ya no encuentra razones
para quedarse en Europa, donde los hombres sufren
más que las mujeres, por razones
laborales.
En su lecho, Rosa murmura algo al oído de
Lizeth, mientras que un pariente y
una amiga observan impotentes. Es mejor
despedirnos. Afuera, la lluvia de
Madrid marca la agonía del verano y una lágrima
oculta marca el adiós a Rosa, madre y mujer
migrante, una heroína del siglo XXI.
Edwin Pérez U. es Director de la Revista Raíz Bolivia.











