¿Seguimos con enclaustramiento mental?
Artículo de opinión de Edwin Pérez U. es Director de la revista Raíz Bolivia en España
(Noticiascadadía/Opinión).- Desnudos por completo. Así nos sentimos los cambas, collas y chapacos, que fuimos a Valencia, a conocer el mar.
En la playa dejamos nuestros trajes de obreros, “internas” o burócratas, para sumergirnos en aguas que la única discriminación que hacen es con aquellos que saben nadar o no, o que son aventureros o precavidos.
Y en medio del intenso debate sobre las autonomías, la crisis de Bolivia, las expulsiones de los indocumentados o que los euros ya no alcanzan, el ver las aguas reavivó el más importante objetivo nacional: volver al mar.
Pero más allá de ir a nadar a “nuestra” playa o exportar mercancías por “nuestros” puertos, está la necesidad de romper el enclaustramiento mental, que implica no tener espacios para desnudar nuestro cuerpo y alma.
Los que hemos cruzado el “gran charco” para llegar a Europa ya dimos un salto hacia lo desconocido y, sólo por eso, pertenecemos a la categoría de los pioneros, los que vieron otras pieles y cielos y que, por lo tanto, podríamos ser líderes de nuestra manada.
Pero ¿estamos listos para eso?, ¿hemos cambiado para mejor o para peor?, ¿En Bolivia nos escuchan más por el peso de nuestras opiniones o por el monto que enviamos?.
Cada uno del medio millar de compatriotas en Europa, tiene una historia que contar. Amores, desamores, éxitos, fracasos, bonanza económica o precariedad, familias fortalecidas en la distancia o ser solamente una fotografía ajada o una voz que cada vez se escucha menos al teléfono.
Sin duda, la mayoría estamos cumpliendo nuestros deberes con la familia, al enviarles dinero y al ayudarles a soportar la crisis dentro del pais.
Un estudio de Acobe muestra que nuestro dinero se utiliza para los alimentos, vivienda y salud, pero apenas un 2 por ciento para crear micro empresas, generar fuentes de empleo y para tener estabilidad en el futuro.
Está bien que nuestros hijos se luzcan con el celular de moda o los “tenis” más caros, pero parece que estamos descuidando otras prioridades.
En Europa nos hemos dado cuenta que el artesano, el obrero o el informático gana más dinero que un “profesional”. Sin embargo, seguimos queriendo que nuestros hijos sean “licenciados” o “doctores”. Si llegan a esa formación, la ausencia de los padres no garantiza que ellos tengan los valores éticos suficientes para ejercer bien su labor.
¿Cómo pedir a nuestros hijos que evolucionen, si tal vez nosotros nos hemos olvidado de abrir un libro o de pasar un curso de capacitación, aunque sean gratuitos?. Cómo hablar de una Bolivia unida, si seguimos encerrados en guetos de pueblo, ciudad o país y nos da miedo conectarnos con otras culturas?.
Si algo bueno tiene la “crisis” en Europa, es que nos obliga a usar la imaginación para mejorar. En agosto, el mes de la Patria, debemos revitalizar nuestros objetivos personales y nacionales.
El mar, imaginario o real, está a nuestro alrededor. Estamos a tiempo de aprender a nadar mejor o nos hundiremos con la primera tempestad.
Edwin Pérez U. es Director de la revista
Raíz Bolivia en España














