Sobre la Ley de Memoria Histórica
Artíuclo de opinión de Josep Esteve Rico
(Noticiascadadía/OPinión).- La Ley de la Memoria Histórica ha salido del trámite parlamentario pero envuelta de polémicas y debates. Es lógica esta situación cuando sus contenidos e intenciones afectan a las personas, a sus vivencias, a sus recuerdos, a sus parientes, a un conflicto bélico-fraticida y a diferentes formas de pensar. Que la idea de esta ley es buena, no lo dudo y hasta la defiendo, aunque tal vez el momento actual y el procedimiento o tratamiento de los partidos son cuestionables.
Esta iniciativa legislativa venía demandándose
desde años atrás principalmente por un amplio
sector progresista comprendido por republicanos,
socialistas, comunistas y un largo etcétera, sobre
todo por las asociaciones cívicas de familiares de
las víctimas del bando a favor del gobierno
legítimo republicano tanto en la guerra civil como
en la posterior represión de la dictadura
franquista.
Cabe destacar o matizar de estas víctimas, que
además de militares que murieron en el frente, hubo
muchos civiles -niños, ancianos y mujeres,
mayormente- que defendieron sus ideales y la
legalidad vigente sufriendo penalidades como
juicios sumarísimos por 'tribunales' castrenses
-qué incongruencia, militares juzgando a civiles
aplicando ordenanzas de un ejército golpista en
lugar de leyes civiles- procesos irregulares y
amañados carentes de garantías jurídicas y de
derechos -algunos juicios incluso sin abogado
defensor- cárcel, tortura y ejecuciones de
muerte.
Precisamente, esas irregularidades jurídicas
demuestran la falsedad, la falta de transparencia y
la actuación fuera de la ley de aquellos juicios.
No es posible devolver la vida de las víctimas pero
si declarar 'nulos' e 'ilegales' los procesos de
los tribunales franquistas y resarcir del olvido a
quienes defendieron unos nobles ideales y la
legalidad gubernamental del momento. Eso es lo que
en mayor medida se pretende con la Ley de la
Memoria Histórica. El vencedor bando franquista
gozó de suficientes privilegios y reconocimientos.
Justo es que ahora el bando de los vencidos tenga
su reconocimiento.
Ahora bien, aunque en el preámbulo se alude a
víctimas ideológica y religiosamente de derecha
católica a manos de los republicanos -más bien
anarquistas y algunos comunistas-, la mención
textualmente parece insuficiente y demasiado leve o
sutil, casi superficial. Al Partido Popular parece
no agradarle -tampoco le gusta la ley entera,
habría podido si hubiese querido, enmendarla entera
con una enmienda a la totalidad- porque cree que no
se recoge la casuística de quienes padecieron y
murieron por apoyar el golpe de estado franquista,
por no ser republicanos, por su fe y devoción
confesional o por pertenecer a la Iglesia católica.
Igualmente, de forma global, para el PP, la ley de
la Memoria Histórica abre viejas heridas y vulnera
el espíritu de concordia y de paz de la
transición.
En este sentido, Rajoy y los suyos se equivocan.
La ley no atenta contra los logros de la
transición. Es una excusa del PP para no reconocer
en público su originario pasado filogenético
franquista. Cierran los ppopulares los ojos para no
ver -como los monos de Gibraltar- desviando la
atención con el asunto de la transición y negándose
a equilibrar la memoria histórica -que estaba
'coja' a causa de la única aportación del recuerdo
de los vencedores- con el reconocimiento a las
victimas republicanas. Y no sólo ésto, el PP no
presentó propuestas para 'enriquecer' el borrador
de la ley, ni siquiera negoció con el Gobierno
socialista de Zapatero aunque se empeñe en culpar a
éste de no ofrecerle la posibilidad de negociar y
consensuar el texto.
Si se hubiera deseado cerrar definitivamente
cualesquiera de las heridas o equilibrar, habrían
de estar en el texto las víctimas de ambos bandos,
sin excepciones, sin exclusiones. La ley debería
asimismo reflejar y reconocer más explícitamente
-no sólo en el preámbulo, también en el articulado-
a aquellos religiosos y seglares católicos víctimas
inocentes de piquetes revolucionarios que sufrieron
y murieron únicamente por llevar sotana o hábitos,
por pertenecer a una orden religiosa e incluso por
tener fe y devoción. Haberlos los hubieron. Junto a
estas víctimas se pueden contar campesinos
minifundistas por el mero hecho de tener un trozo
de tierra de su propiedad e ir a misa los domingos.
Si la Constitución de 1978 -mejorable y reformable,
monárquica si, prefiero una republicana pero es la
que existe vigente y hemos de aplicarla- reconoce
que nadie debe sufrir discriminación entre otras
cosas por razones de ideas, creencias u otros
aspectos personales; la citada ley de la Memoria
Histórica -que no puede vulnerar la Carta Magna ni
sobrepasarla- no ha de discriminar a nadie
defendiendo a las víctimas de los dos bandos.
Frente a las posturas extremas de PP y PSOE -que
apoya reconocer a los terroristas etarras en el
texto, lo que no me parece idóneo- habría cabido
una tercera solución intermedia o centrada. Para
lograrla, el Gobierno tendría que haber, concretado
más su posición aceptando claramente a las víctimas
religiosas y conservadoras , tendido la mano a la
oposición y admitido enmiendas. Y el Partido
Popular -a pesar de ceder en 'desderechizar' el
Valle de los Caídos- tenía que haber, condenado
públicamente el golpe franquista contra el gobierno
legítimo republicano, aceptado la legalidad de
éste, renunciado a su pasado franquista, presentado
enmiendas participando en el texto definitivo de la
ley y negociado consensuándola con el Ejecutivo.
Tarea de ambos -gobierno y oposición- y demás, que
la ley no resulte parcial, porque, era posible una
ley para todos. Si el PP hubiera querido,
claro...
Josep Esteve Rico Sogorb, (nieto y sobrino de
republicanos victimas del franquismo). Escritor,
blogger y periodista (articulista-columnista)











