Susan Sarandon habló para interviú
La actriz más comprometida de Estados Unidos y una de las más populares participó en el recientemente celebrado Festival Internacional de Cine de Las Palmas
(Noticiascadadía/interviú).- Es célebre su sentido del humor, así que le quería preguntar a qué se debe su admiración y amistad con George Bush y a quién recomendaría ir de vacaciones a Guantánamo.—Ha captado muy bien la relación que mantengo con Bush: sigue siendo muy cercana; ja, ja, ja... A Bush lo que le recomendaría es que fuera a los hogares de los soldados que han muerto en Irak y darles personalmente la noticia a sus familias. Lo que ocurre es que su esposa, Laura Bush, lo está protegiendo bastante y no le está dando ninguna mala noticia; por lo tanto, no sabe lo que está pasando. También recomendaría cerrar Guantánamo y dejar de mantener allí dentro a gente encerrada sin ningún cargo. —A usted no le caía bien Hillary Clinton. ¿Ha variado su opinión ahora que puede ser una opción para sustituir a Bush en las próximas elecciones?—Yo nunca he odiado a Hillary Clinton. Todo lo contrario, cuando era primera dama dije que era una mujer inteligente e incluso creo que probablemente sea buena persona. Pero hasta ahora sólo ha ejercido de política y yo espero más de una mujer. Me decepcionó cuando votó a favor de la guerra de Irak y después se quitó de en medio; no fue auténtica en ese sentido. Mi país necesita a alguien que exprese sus puntos de vista y sus convicciones con credibilidad y que hable con claridad a la ciudadanía. Como mujer a la que yo apoyé en un principio, yo no creo que Hillary sea así. Su postura sobre la guerra apenas ha variado desde entonces y por eso me ha defraudado. —Cada vez hay más actores en política. ¿Qué opina de Arnold Schwarzenegger?—La experiencia de un actor metido en política ya la tuvimos con Ronald Reagan y cuando un actor se mete a político es porque es un mal actor. Schwarzenegger es un gran comunicador y ha convencido a los americanos de que es un hombre del pueblo, cercano a la gente, totalmente arraigado y enraizado en Estados Unidos pese a que ha venido de fuera. Pero eso no significa que deba prohibirse a un actor involucrarse en política. Ahí están los casos de Ofrah Winfrey, Alec Baldwin… Esta gente tiene sus convicciones, creen en algo, son buenos comunicadores ¿Por qué no pueden meterse en política? Ya están en un nivel alto y tienen un estatus importante en el que pueden manifestarse e influir en la vida pública. Ojalá hubiese mucha más gente ansiosa por creer en algo. —¿Haría usted una película con Schwarzenegger—No me imagino haciendo una película con él, no sé de qué iría la historia. Además, creo que él ya no hace películas. —Con Bush hijo da la impresión de que la política americana se ha transformado en un negocio casi familiar. ¿Existe el riesgo de que cunda el ejemplo?—En efecto, hay muchos políticos americanos actuales que últimamente han heredado el negocio de sus familias o de sus padres, y eso es lo que les ha lanzado en sus carreras. No creo que Clinton fuera perfecto, y él también tenía ideas terribles: despreció a la prensa, no adoptó buenas iniciativas en materia de medio ambiente… Pero sí fue una persona que se construyó su propia carrera política y fue quien fue por él mismo. En eso sí fue auténtico y sin embargo estos tíos sólo heredan de sus familias, incluso hasta las carreras políticas. Por contra, ahí tienes a Jimmy Carter y Al Gore, que no tenían antecedentes familiares y hoy son alguien en el mundo. —La falsa aureola de la estirpe…—Sí, la gente se pregunta que, antes de luchar por la presidencia, quién era Al Gore. ¿Dónde estaba? La pena es que como no era nadie importante, la gente ni siquiera se indignó cuando le robaron las elecciones. Hay algo en la política americana que es así: no se escucha la voz de uno hasta que no lucha por la presidencia, y eso es algo terrible. Y el problema es que una vez que han llegado, la gente vuelve a preguntarse ¿Quiénes son? ¿De dónde han llegado? —Quizá sea que el americano se siente privilegiado y prime lo que considera así…—Pues ese privilegio americano se ha agotado. Aunque haya un presidente en el que no crees, debe ser una persona que luche por algo, aunque tú no estés de acuerdo ni creas en él. Hoy por hoy ni siquiera tenemos eso, carecemos de una persona en la que mirarse, que te guíe. Ahora no hay nadie que ilusione, no sabes si los políticos están luchando por algo o por sí mismos. —A usted le prohibieron ir a la ceremonia de los Oscar por su activismo antibélico. ¿Puede volver a repetirse esa situación?—Hace dos años que no voy a los Oscar porque a la gente que envió cartas a la organización, en las que apoyaban a los actores que fueron excluidos por su posición contraria a la guerra de Irak, les respondieron diciéndoles que se callaran, que no querían conflictos durante la ceremonia. Supongo que si estás nominada tienes que asistir y formar parte de la ceremonia mostrándote feliz de estar ahí, aunque no lo sientas realmente por la situación que se está viviendo fuera. Puestos así, ¿qué voy a decir? Aunque sea mucha la presión ambiental, yo no puedo fingir que estoy feliz, respondiendo a preguntas estúpidas sobre qué marca de ropa llevo en medio de toda esta horrible guerra. Todo esto fue para mí un gran dilema, pero he resuelto que no voy a ir a los Oscar hasta que las tropas vuelvan a casa. —¿Ni en el caso de estar usted nominada?—Me sería muy difícil fingir. Yo estaría feliz por el reconocimiento a mi trabajo en una película, pero la ceremonia ignora lo que tiene alrededor, pasa de la realidad. Yo he hablado con familias que tienen a sus hijos en la guerra y lo están pasando muy mal. Para mí esto es muy real, no es una guerra teórica, mediática o política; es auténtica. El daño que se le ha hecho a estas personas y a estos chicos es horrible; no te puedes ni imaginar qué tipo de guerra es ésta. Cuando vuelven a casa, los soldados ni siquiera pueden prestar atención: están como ausentes, sobrecogidos, deshechos. —Usted estudió en la Universidad Católica de Nueva York, pero besó en la boca a Catherine Deneuve en ‘El ansia’, la película de Tony Scott. ¿No sabía que eso era pecado?—Eso hizo que el beso me supiera mejor… ja, ja, ja… Dios es más grande que todo eso y creo que a él no le importa que la gente bese a una persona de su mismo sexo ni piensa que la homosexualidad sea algo malvado. En cuanto a esa película y lo que me supuso al transformarme después en un icono gay, sólo puedo decir que me sentí muy feliz por esa situación. En una ocasión, uno de mis hijos me preguntó en casa si era verdad que había hecho en el cine una escena lésbica y su padre le dijo que no. Pero yo le aclaré: “Sí, sí que la hice�?. A ellos no les importan los besos que se dan otras personas, sólo los que les dan a ellos. —¿Cómo ha llevado la familia y el trabajo?—Mis dos hijos varones no querían que viajara porque se sentían muy vulnerables viviendo solos en Nueva York. Todo lo que pasaba en la ciudad les afectaba mucho, pero ahora, que tienen 15 y 18 años, se sienten más seguros y es al contrario: no quieren que merodee por sus alrededores. Ahora pueden vivir sin mí y sin Tim. —¿No querría que viajaran con usted?—Antes, cuando eran más pequeños, sí me hubiera gustado llevarme a mi hija de viaje, pero también pensaba que eran trayectos muy duros, a lugares como �?frica, la India… Ojalá les hubiera forzado a todos a venir conmigo, pero no pude hacerlo entonces: nunca me los pude traer ni ellos quería venir. Ahora que son mayores sí que estaría encantada de que me acompañaran.











